(Por Juan Manuel Colombo) Muy lejos quedó la promesa en campaña del Presidente Javier Milei de eliminar las retenciones, discurso que atrajo de manera masiva a los productores agropecuarios.

Es que el proyecto de Presupuesto presentado por el Gobierno nacional para el año que viene, no solo no prevé una reducción en la recaudación de este tributo, sino que estipula un crecimiento del 22,8%.

«Los recursos totales provenientes de los Derechos de Exportación aumentarían un 22,8% en 2026
respecto de las proyecciones para el presente ejercicio. Estos pasarán de representar 0,95% del
PIB en 2025 a 0,98% del PIB en 2026″, marca el texto enviado al Congreso Nacional.

En rigor, el Estado piensa recaudar un total de $9.974.229.800.000 en derechos de exportación, lo que implica un incremento de $1.853.570.200.000.

Según el Gobierno, este incremento se debería a que «el escenario macroeconómico contempla un crecimiento de las exportaciones gravadas en términos reales superior al promedio de la economía».

En este aspecto, las exportaciones totales de Argentina proyectadas para 2026 son de US$ 112.695 millones, un 9,1% más que lo estimado para el año en curso.

Ahora bien, analicemos estos números. La agroindustria argentina, principal actividad productiva y una de las pocas sobre las que todavía pesan retenciones, es la mayor aportante de dólares genuinos al país, representando entre el 60% y 70% de las divisas que ingresan, dependiendo la producción y los precios internacionales.

El Gobierno confía que los mayores ingresos en exportaciones del sector, y por ende en concepto de retenciones, provendrían de un mayor volumen despachado de granos y carnes, ya que, por lo menos en el primer punto, los precios se mantienen en niveles bajos y nada hacer prever que en 2026 los mismos aumenten considerablemente, más allá de que eventos o hechos puntuales puedan desencadenar una suba de consideración, cuestión que correpondería más a una cuestión coyuntural que a una proyección del mercado.

El tema es que Argentina no tiene prevista una supercosecha para 2026 ni mucho menos. Si bien podría haber un incremento en volumen, no será de consideración. Además, se estima que el área a sembrarse con soja, cuyo complejo es el que más dólares aporta a la economía y sobre el que pesan el nivel más alto de retenciones (26% para el poroto y 24,5% para derivados), retrocederá un 4%, perdiendo cerca de 800.000 hectáreas respecto al ciclo anterior y su producción se ubicaría cómodamente por debajo de las 50 millones de toneladas. Esto implica, en otras palabras, que la oleaginosa aportará, a priori, menos divisas, traduciéndose en una menor recaudación.

Por otro lado, hay que tener en cuenta la importancia en las cuentas fiscales que tienen las retenciones, de las cuales el agro es el gran aportante, casi con exclusividad.

Según el presupuesto, este tributo representa el 11% de la masa fiscal total, siendo el cuarto en importancia detrás del IVA, Créditos y Débitos y Ganancias, según el Ministerio de Economía. Teniendo en cuenta que estipula un superávit primario de solo el 1,5% y financiero del 0,3%, las posibilidades de que el Gobierno vuelva a reducir retenciones se hacen casi nulas, sobre todo teniendo en cuenta que 2026 no será un año electoral.