(Por redacción País Productivo) Sorpresas da la vida. Eso podrían decir los exportadores de carne argentinos, que pasaron de esperar una ampliación del cupo de exportación sin aranceles a Estados Unidos de 20.000 a 80.000 toneladas, a que el bueno de Donald Trump dijera «denle 100».

Es que, tras la firma del acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos, Cancillería informó que uno de los puntos destacados del entendimiento es que nuestro país podrá exportar unas 80.000 toneladas adicionales de carne sin aranceles. Si se suman a las 20.000 toneladas que históricamente tuvo Argentina, da un total de 100.000 toneladas que podrán ingresar al país del norte de manera preferencial.

“El Gobierno de los Estados Unidos concederá una ampliación sin precedentes a 100.000 toneladas para el acceso preferencial de la carne bovina a su mercado. Esto asegura en el año 2026 un adicional de 80.000 toneladas, que se suman a las 20.000 toneladas con que ya cuenta nuestro país”, indicó un comunicado de Cancillería.

Según la cartera que conduce Pablo Quirno, esta ampliación del cupo podría significar un incremento de las exportaciones a dicho destino de US$ 800 millones. Todo un número para un sector que suele exportar US$ 3.700 millones a todo el mundo.

Si se toma en cuenta que Argentina exportó US$ 340 millones el año pasado, estamos hablando de que los embarques a dicho destino podrían superar los US$ 1.000 millones.

Pero esto no es gratis, ya que se trata de un acuerdo de beneficios recíprocos. Esto quiere decir que Argentina hará sus concesiones y habrá que ver qué tan grandes serán.

Por el momento, Argentina abrirá su mercado al ganado bovino vivo estadounidense, se comprometió a permitir el acceso al mercado de las aves de corral en el plazo de un año y no restringirá el acceso al mercado de los productos que utilizan ciertas denominaciones para quesos y carnes.

En paralelo, simplificará los procesos de registro de productos para la carne de res, los productos cárnicos, las vísceras y los productos porcinos estadounidenses, y no exigirá el registro de instalaciones para las importaciones de productos lácteos estadounidenses.

Todavía falta ver la “letra chica”, tanto la de Estados Unidos como la Argentina, pero sobre todo la primera. Por nuestro lado, será crucial saber cómo, cuándo y de qué manera se implementará.

Esto último no es poca cosa, porque lo que suelen hacer los gobiernos argentinos – y muchas empresas – es contar los billetes de antemano. Pero primero es necesario que estén en la billetera.