(Por redacción País Productivo) El Gobierno prepara una medida de alto impacto para la industria argentina, que podría representar las quita de derechos de exportación para alrededor de 1.000 productos industriales.

Si bien no hubo un adelanto formal de la medida por parte del Ministerio de Economía, trascendidos marcan que la medida podríar ser oficializada la semana que viene, ya que el texto del decreto se está estudiando en los despachos oficiales para terminar de pulirlo.

Más allá de la que la inciativa beneficiará a gran parte de la industria, hay sectores que no se verán alcanzados, como el automotriz, el aluminio y la petroquímica, entre otros, ya que el Gobierno, si bien está dispuesto a hacer lugar a algunos de sus relamos para dotar a la actividad de competitividad, no arriesgará el tan mentado «superávit fiscal».

Estas ramas industriales pagan hoy 4,5% en concepto de derechos de exportación, mientras que los rubros más pequeños – que serían los benficiarios de la baja impositiva – tributan un 3%.

Esta merma en la carga fiscal es la que venía reclamando el sector industrial hace tiempo, pero que agudizó sus pedidos ante el actual escenario económico – caída del consumo y del nivel de actividad – y las políticas impulsadas desde Economía, en especial, las que tienen que ver con la apertura de importaciones y la baja de aranceles a productos importados.

Ayer, el flamante presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, dijo en su discurso de asunción que «Argentina necesita diseñar un nuevo contrato productivo. Un contrato que combine el orden macroeconómico con una visión de desarrollo estratégico. Que deje atrás el péndulo entre proteccionismo extremo y apertura sin reglas. Que reconozca a la industria como un pilar fundamental para la creación de empleo, la generación de divisas y el desarrollo territorial. Por eso, nuestra propuesta es trabajar en una normativa que genere igualdad de condiciones para quienes producen en nuestro país”.

Sobre los pasivos que le quitan competitividad al sector productivo, señaló que “durante demasiado tiempo se cargó sobre la industria nacional un conjunto de distorsiones que fueron asfixiando su capacidad de competir. Alta presión fiscal, inflación crónica, falta de financiamiento productivo, rigideces laborales, costos logísticos elevados, inseguridad jurídica, industria del juicio, regulaciones ineficientes y una estructura macroeconómica inestable son algunos de los pasivos que nos han quitado competitividad. Y, aun así, la industria siguió adelante”.