Las lluvias casi no aparecieron durante julio en el corazón productivo de Argentina. Así, la región comprendida entre el centro-sur de Santa Fe y Córdoba y en norte de Buenos Aires, recibió solo 0,9 milímetros, mientras que los promedios de los últimos 30 años muestran valores mensuales de precipitación de entre 10 y 45 milímetros, comenzando a impactar en la condición del trigo.

«Esta situación crítica está impactando en los cultivos de invierno, especialmente en el trigo, y pone en riesgo el potencial de la campaña agrícola», indicó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que marcó que la falta de lluvias ha dejado al 10% del trigo en condiciones de regular a malo.

Del trigo sembrado, el 2% está en mal estado, el 8% en estado regular, mientras que el 15% se mantiene en muy buen estado y el resto en condiciones buenas. Las zonas más afectadas incluyen el norte de Buenos Aires, específicamente el noreste. En localidades como Pergamino, el tiempo seco y frío ha sido devastador en cultivos como cebada, arveja, lenteja y crucíferas entre otros. El trigo es el que mejor se lleva con el frío, pero aún así, ya está siendo severamente afectado.

Hacia el noroeste bonaerense, los lotes más críticos son las siembras de julio y los terrenos con menor aptitud. En General Pinto, los sembrados de julio tardaron más de 20 días en nacer y ahora están en riesgo por la falta de agua. Los productores temen problemas significativos si se producen nuevas heladas tras los próximos días de temperaturas primaverales.

En el resto de la región núcleo, los asesores de la entidad coinciden en que los trigos están resistiendo, pero casi no crecen y desarrollan muy lentamente. Advierten que ya no se espera una gran campaña, salvo que se produzcan lluvias dentro de los próximos 15 días. Se necesitan entre 15 a 20 milímetros de precipitación para que los cultivos retomen su crecimiento y no se vea afectado su potencial.

Pronóstico

Serán vitales para el cultivo que se produzcan lluvias en los próximos 15 días y solo 10 milímetros alcanzarían para darle un nuevo impulso al trigo, ya que «permitirían reactivar el crecimiento del cereal y desarrollar raíces que aprovechen la humedad en niveles subsuperficiales del suelo. Segundo, muchos lotes necesitan agua para aplicar fertilizantes y no quedar limitados en su rendimiento potencial. La urea, aplicada anticipándose a lluvias previstas, no se incorporó al suelo debido a la falta de precipitaciones», sostuvo el trabajo de la BCR.

Agosto comienza con cierta esperanza, ya que los pronósticos indican la posibilidad de lluvias y tormentas aisladas a partir del 2 de agosto. Sin embargo, persisten dudas sobre si estas precipitaciones serán suficientes para alcanzar los 10 a 15 milímetros necesarios para mejorar las condiciones en la región núcleo. La comunidad agrícola permanece alerta y esperanzada en un cambio en la circulación que traiga aire más cálido y húmedo al centro del país.