(Por redacción País Productivo) La industria textil argentina profundiza su crisis. La producción del sector acumula una caída del 31,3% respecto de los niveles de 2023, mientras que la pérdida de empleo formal supera los 22.000 puestos de trabajo.

El deterioro productivo se combina con una fuerte baja del consumo interno, un avance de las importaciones y una utilización de la capacidad instalada que apenas supera el 40%, según datos relevados por la Fundación Pro Tejer.

La magnitud de la retracción vuelve a colocar al complejo textil entre las actividades más afectadas del entramado manufacturero nacional. En marzo, la producción registró una contracción interanual del 23,3%, profundizando una tendencia que ya lleva más de dos años.

A la caída de la actividad se suma el deterioro del empleo. Los registros sectoriales muestran que desde fines de 2023 desaparecieron más de 22.000 puestos formales vinculados a la cadena textil e indumentaria, reflejando el impacto de la menor producción sobre las fábricas y talleres.

El informe también advierte que la utilización de la capacidad instalada se mantiene en niveles extremadamente bajos. Actualmente ronda el 40,2%, un porcentaje que revela una elevada ociosidad de maquinaria y plantas productivas.

La situación no se limita a la elaboración de textiles. La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también atraviesa dificultades. Ese segmento exhibió una caída interanual del 8,9% y se encuentra 19% por debajo de los niveles de producción observados en 2023.

Desde la Fundación Pro Tejer señalaron que la combinación de retracción del mercado interno y crecimiento de las importaciones está afectando a todos los eslabones de la cadena, desde la producción de hilados hasta la confección de indumentaria.

La preocupación empresaria también pasa por la velocidad del deterioro. Informes previos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) ya habían advertido que la actividad venía marcando mínimos históricos, con caídas superiores al 23% interanual y niveles de utilización de capacidad significativamente inferiores al promedio industrial.

En ese contexto, las cámaras sectoriales vienen reclamando medidas que permitan recuperar competitividad y sostener el empleo. Entre los principales cuestionamientos aparecen el aumento de los costos internos y la competencia de productos importados.

Según datos citados por referentes del sector, durante 2025 las importaciones textiles crecieron con fuerza y ganaron participación en el mercado doméstico, desplazando producción local en distintos segmentos de la industria.

La directora ejecutiva de Fundación Pro Tejer, Priscila Makari, sostuvo que «tenemos un tipo de cambio que nos hace ser caros para competir y una apertura comercial abrupta», al tiempo que remarcó que la demanda interna también se encuentra debilitada.

El impacto de la crisis se refleja especialmente en las pequeñas y medianas empresas. Diversos relevamientos registran cierres de establecimientos productivos y suspensiones de personal en distintas provincias con fuerte presencia textil.

Algunas estimaciones privadas indican que desde fines de 2023 ya desaparecieron cientos de firmas vinculadas a la cadena textil, de indumentaria y calzado, mientras que la cantidad de máquinas sin uso alcanza niveles históricamente elevados.

El sector tiene además una importancia estratégica para varias economías regionales. En provincias como Catamarca y La Rioja, la actividad textil representa una porción significativa del empleo industrial privado, por lo que el ajuste productivo tiene efectos directos sobre el mercado laboral local.

Mientras el Gobierno sostiene que la apertura comercial contribuye a reducir precios para los consumidores, los empresarios advierten sobre las consecuencias que la pérdida de producción y empleo puede tener sobre el tejido industrial nacional.

Con una producción 31,3% inferior a la de 2023, más de 22.000 empleos perdidos y plantas operando muy por debajo de su capacidad, la industria textil enfrenta uno de los momentos más complejos de los últimos años y mantiene abiertas las dudas sobre la velocidad y la forma de una eventual recuperación.