(Por redacción País Productivo) La muerte del Papa Francisco significará un antes y un después en la historia moderna de la Iglesia Católica, ya que no solo fue el primer pontífice no europeo en la historia de la institución, sino que también trajo un mensaje a veces poco común de reformismo y apertura para ese mundo.
Pero también bregó por los pobres, las injusticias del sistema y la especulación financiera, que veneran al «dios dinero».
Durante su histórica visita a Brasil, en el marco de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, a los cuales invita a «salir a la calle y hacer ruido», sentenció a la exclusión de los más débiles en pos de ganar más dinero.
«Esta civilización mundial se pasó de rosca. Es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una exclusión de los dos polos de la vida, que son las promesas de los pueblos: los ancianos y de los jóvenes», indicó Francisco ante miles de personas.
Pero fue en 2019, en su rol de máxima autoridad de la Iglesia Católica, que tras un encuentro que mantuvo con el nobel de Economía, Joseph Stiglitz, Francisco remarcó la necesidad de avanzar hacia una “economía social de mercado, que mire al futuro con la voz de los más jóvenes”.
Ambos hicieron hincapié en “los problemas de ciertas formas de economía de mercado que no ponen a los mercados al servicio de los pueblos sino a los pueblos al servicio de los mercados y exacerban el comportamiento individualista”.
En la encíclica Fratelli tutti publicada en 2020, en el marco de la pandemia de Covid-19, el Papa subrayó su rechazo a aquellos sistemas políticos-económicos que «desprecien a los débiles», ya sean populistas «que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”.
«La fragilidad de los sistemas mundiales frente a la pandemia ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado”, al mismo tiempo que marcó la necesidad de “rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas. El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”.
Ya en este año, Francisco profundizó dicho concepto: “Apoyar una desregulación planetaria utilitarista y neoliberal significa imponer la ley del más fuerte como única regla; y es una ley que deshumaniza”.
Además, el Papa creía en la «justicia social» y aseguraba que la economía de mercado «está creando una cultura de la exclusión» y que «el sistema económico y financiero actual ha producido un desequilibrio que ha derivado en una creciente desigualdad.».
«Una economía que mata es una economía que pone el dinero por encima de las personas», fue una de sus máximas tras trece años de papado.
