(Por redacción País Productivo) Los ingresos de los trabajadores formales aumentaron 3,5% durante abril y superaron a la inflación de 2,6%, según datos oficiales. El resultado permitió recuperar poder adquisitivo tras siete meses consecutivos de retrocesos reales y marcó el primer saldo favorable desde septiembre del año pasado.
La mejora respondió a una combinación entre actualizaciones paritarias y una desaceleración del Índice de Precios al Consumidor. Esa dinámica posibilitó que las remuneraciones avanzaran por encima del costo de vida durante el cuarto mes del año.
El dato surge del RIPTE, indicador que releva la evolución de las remuneraciones de empleados estables registrados. La medición mostró una variación positiva que interrumpió una secuencia prolongada de deterioro.
Durante marzo, las remuneraciones habían registrado un incremento de 3%, mientras el IPC alcanzó 3,4%. Esa diferencia profundizó el deterioro acumulado y extendió una tendencia negativa que se venía observando desde fines de 2025.
La desaceleración inflacionaria observada en abril modificó ese escenario. Con precios creciendo a menor velocidad, los ajustes acordados en distintos convenios lograron ubicarse por encima del avance general de bienes y servicios.
Pese a ese alivio, el balance acumulado de los primeros meses del año continúa mostrando desafíos. Hasta marzo, la evolución de los haberes había quedado rezagada respecto de las variaciones registradas por el costo de vida.
Las estadísticas oficiales reflejaban que entre enero y marzo las remuneraciones crecieron 8,6%, mientras el nivel general de precios acumuló 9,4%. Esa brecha generó una pérdida de capacidad de compra para amplios sectores asalariados.
El comportamiento entre actividades fue dispar. Algunas ramas consiguieron actualizaciones más frecuentes, mientras otras enfrentaron mayores dificultades para acompañar el ritmo inflacionario.
Las negociaciones colectivas tuvieron un papel determinante en el resultado de abril. Diversos acuerdos firmados durante las semanas previas incorporaron incrementos que comenzaron a impactar en las liquidaciones salariales.
Especialistas consideran que un único mes favorable no alcanza para revertir completamente el deterioro previo. Para consolidar una recuperación será necesario sostener aumentos superiores a la inflación durante varios períodos consecutivos.
La situación registrada entre el último tramo de 2025 y el inicio de 2026 había sido particularmente compleja. En ese lapso, la aceleración de precios erosionó buena parte de las mejoras obtenidas durante etapas anteriores.
Por ese motivo, la recuperación observada en abril fue interpretada como una señal positiva, aunque todavía insuficiente para compensar plenamente el terreno perdido en los meses precedentes.
Las próximas rondas paritarias serán determinantes para evaluar la continuidad de esta tendencia. Sindicatos y empleadores mantienen conversaciones orientadas a preservar ingresos sin generar desequilibrios adicionales.
Desde el Gobierno sostienen que la reducción del ritmo inflacionario constituye la principal herramienta para fortalecer el poder adquisitivo. La estrategia oficial apunta a consolidar un proceso de estabilidad que permita mejorar los ingresos reales.
Con una variación de 3,5% frente a un IPC de 2,6%, abril dejó un saldo favorable para los trabajadores registrados. El dato puso fin a siete meses consecutivos de caídas reales y abrió la posibilidad de una recuperación gradual durante el resto del año.
