(Por redacción País Productivo) La industria textil argentina registró en enero una caída interanual del 23,9% en su nivel de actividad, el peor desempeño desde 2016, y profundiza así la crisis que atraviesa el sector.

El dato surge de un relevamiento de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, que advierte sobre un deterioro sostenido desde fines de 2023, con impacto directo en la producción y el empleo.

El retroceso marca un nuevo piso en la actividad, en un contexto económico que afecta con mayor intensidad a las ramas industriales vinculadas al consumo interno.

Durante la gestión del presidente Javier Milei, el sector textil se ubicó entre los más golpeados dentro del entramado manufacturero.

La magnitud de la caída resulta especialmente significativa al compararla con el promedio industrial, que exhibe descensos mucho más moderados en el mismo período.

Según el informe, la contracción del rubro textil multiplica varias veces la baja general de la industria, lo que refleja una dinámica particularmente adversa.

A este escenario se suma el desplome en el uso de la capacidad instalada. En enero, las fábricas textiles operaron apenas al 24% de su potencial.

Ese nivel se ubica no solo por debajo del promedio industrial, sino también en mínimos históricos para la actividad, lo que evidencia un fuerte incremento de la capacidad ociosa.

La baja utilización de maquinaria y recursos productivos responde tanto a la caída de la demanda como a dificultades para competir en el mercado.

En paralelo, el empleo formal en la cadena textil continúa en retroceso. En diciembre de 2025, los sectores de confección, cuero y calzado contabilizaron cerca de 100.000 puestos registrados.

Esa cifra implica una reducción de unos 12.000 empleos en comparación con el mismo mes del año anterior.

La tendencia negativa se mantiene sin interrupciones desde comienzos de 2024, configurando un escenario de ajuste prolongado.

En términos acumulados, la pérdida de puestos de trabajo supera los 20.000 desde fines de 2023, lo que genera creciente preocupación en toda la cadena productiva.

Otro de los factores señalados por el sector es el incremento de importaciones a precios inusualmente bajos, que presionan sobre la producción local.

Desde la entidad empresaria advierten que una alta proporción de los productos importados ingresa con valores muy por debajo de los antecedentes históricos, generando distorsiones y competencia desleal.

En ese contexto, reclaman la aplicación de herramientas previstas en la normativa vigente para corregir estas prácticas y resguardar tanto la producción nacional como el empleo.

Con niveles de actividad en mínimos, fábricas con alta ociosidad y una sangría persistente de puestos de trabajo, la industria textil enfrenta un panorama incierto y sin señales claras de recuperación en el corto plazo.