(Por redacción País Productivo) El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo del 3,5% al 2,1% su estimación de crecimiento para la economía argentina en 2026, un recorte de 1,4 puntos porcentuales que refleja un panorama menos favorable para la actividad.
La revisión fue publicada en el informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), difundido en el marco de las reuniones anuales del organismo y el Banco Mundial en Bangkok, Tailandia. La nueva cifra representa una desaceleración respecto de las previsiones que el Fondo había sostenido en sus actualizaciones anteriores.
La modificación también alcanzó las perspectivas para el próximo año. Para 2027, el organismo proyectó una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) del 3,5%, medio punto porcentual menos que en su cálculo previo, que anticipaba un crecimiento del 4%. De esta manera, las nuevas estimaciones dibujan una recuperación más moderada que la esperada meses atrás y plantean interrogantes sobre la velocidad con la que la economía podrá consolidar una mejora sostenida.
En materia de precios, el panorama también mostró un deterioro en las proyecciones. El FMI calculó que la inflación promedio anual alcanzará el 32,5% durante 2026, frente al 30,4% previsto en abril. La estimación corresponde al promedio de los precios a lo largo del año y no a la variación acumulada entre diciembre de un año y el mismo mes del siguiente. Así, el organismo anticipó una suba de precios mayor a la que contemplaba en su evaluación anterior, en un contexto de incertidumbre internacional y encarecimiento de la energía.
Las perspectivas del Fondo se ubican, además, por encima de las expectativas relevadas entre los analistas privados por el Banco Central. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) prevé un crecimiento del 1,5% para 2026 y del 3% para 2027. La diferencia muestra que, pese al recorte anunciado, el FMI conserva una visión relativamente más optimista sobre la evolución de la actividad local. Sin embargo, la distancia entre las proyecciones también evidencia que persisten dudas sobre la intensidad de la recuperación y su capacidad para sostenerse en el tiempo.
El ajuste argentino se produce en una economía mundial atravesada por tensiones geopolíticas, dificultades en el mercado energético y condiciones financieras más restrictivas. En su último informe, el Fondo ubicó el crecimiento global de 2026 en el 3,1%, mientras que para América Latina y el Caribe proyectó una expansión del 2,3%. En ese contexto, la región continúa mostrando un desempeño moderado y recibe beneficios limitados del auge de las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial, que impulsa con mayor fuerza a otras economías.
Uno de los principales factores de incertidumbre es el encarecimiento del petróleo y el gas en los mercados internacionales. El FMI estimó que el barril de petróleo promediará los US$96 durante 2026 y descenderá a US$87 en 2027. Para Argentina, ese escenario presenta una doble consecuencia: puede mejorar los ingresos derivados de las exportaciones de hidrocarburos, pero también elevar los costos de producción, transporte y abastecimiento energético. El impacto final dependerá de cómo se distribuyan esos efectos entre los distintos sectores de la economía.
En ese marco, Vaca Muerta aparece como uno de los activos estratégicos para el país. Los precios internacionales elevados pueden favorecer las inversiones en producción y transporte de hidrocarburos, ampliar las exportaciones y fortalecer el ingreso de divisas. La consolidación del sector energético podría contribuir a mejorar el frente externo y reducir algunas de las restricciones que históricamente condicionaron el crecimiento argentino. No obstante, los beneficios potenciales no garantizan una expansión uniforme de la actividad, ya que otros rubros productivos pueden enfrentar mayores costos por el encarecimiento de los insumos y la energía.
El frente financiero constituye otro de los desafíos señalados por el organismo. Las mayores tasas de interés internacionales y los rendimientos elevados de los bonos soberanos pueden encarecer el acceso al crédito y limitar la disponibilidad de capital para las economías emergentes. Para Argentina, que necesita sostener la estabilidad macroeconómica y fortalecer su posición externa, un contexto de financiamiento más exigente agrega dificultades a la recuperación. La evolución de las condiciones globales será, por lo tanto, un factor relevante para determinar el margen de maniobra de la política económica.
