(Por redacción País Productivo) El girasol es un cultivo histórico de Argentina y a pesar de los vaivenes en su siembra en los últimas décadas, de un tiempo a esta parte volvió a recuperar el espacio perdido y hoy se espera una «super cosecha de la oleaginosa».
No solo los productores apostaron por la oleaginosa, aumentando el área sembrada, sino que también los rendimientos de la cosecha mejoran a medida que avanzan las cosechadoras, elevando la previsión de producción.
Así, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) aumentó la proyección de cosecha en 200.000 toneladas respecto a la semana pasada y ahora se espera una producción de 4,5 millones de toneladas, a partir de que el rinde promedio a nivel nacional se elevó a 23,8 quintales por hectárea (qq/ha) a nivel nacional «impulsado por buenos resultados en las regiones aún en cosecha».

De concretarse las actuales estimaciones, la producción saltaría un 25% respecto al año pasado, sumando 900.000 toneladas al volumen total y se convertiría en la tercer mejor cosecha de los últimos 25 años.
Hay dos razones centrales que explican la apuesta – y hasta ahora el acierto – de la apuesta de los productores por la oleaginosa: el clima y los buenos precios internacionales.
Primero dejemos algunas cuestiones claras: si bien el girasol puede implantarse en casi toda el área agrícola del país, los dos grandes polos productivos son el NEA y el sur de la provincia de Buenos Aires. Asimimo, es el cultivo que pone en marcha la denominada campaña gruesa, ya que es el primero que se comienza a sembrar, como así también el primero en cosecharse.
Por otro lado, hay que dejar en claro la importancia económica del girasol: es el quinto complejo exportador de la agroindustria argentina detrás del sojero, maicero, de carne bovina, pesquero y del trigo. Con una cosecha mediocre como la del año pasado, ingresó al país US$ 1.449 millones.
Dicho esto, volvemos a las razones por las cuales los productores optaron por el girasol. En lo climático, la amenaza de una nueva «NIña» atemorizó a los agricultores, con el recuerdo fresco de lo que este fenómeno meteorológico ocasionó en los años anteriores, e hizo que apuesten por este cultivo, que tiene una mayor tolerancia a la falta de agua.
Y por el otro lado, se encuentra el aspecto económico, ya que gracias a la persistencia de la guerra entre Rusia y Ucrania (los dos principales productores mundiales), los precios internacionales se mantienen firmes, a diferencia del resto de los granos.
Avance de la cosecha
A la fecha, el avance nacional de la recolección alcanzó el 75,6 % del área apta, tras un progreso intersemanal de 16,7 puntos porcentuales (pp).
«En el sur de Córdoba, Núcleo Sur y San Luis, los rendimientos superan los promedios históricos de los últimos 10 y 5 años, mientras que en el sur del área agrícola (Buenos Aires y La Pampa), donde resta por recolectar el 30,6 % del área en pie, los rindes obtenidos hasta el momento se ubican entre 5 y 17% por encima de la media de las últimas 5 y 10 campañas», destacó la entidad bursátil.
Finalmente, la Bolsa porteña subrayó que «el temporal de semanas atrás no generó mayores inconvenientes en la recolección, ya que, a pesar de la humedad en los lotes, se priorizó el avance de las máquinas ante la buena condición del cultivo».