(Por redacción País Productivo) La comercialización de soja viene experimentando uno de los niveles más bajos de la historia. Según los datos proporcionados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), hasta la fecha los productores solo vendieron el 68% e la cosecha, el nivel más bajo desde que se tiene registro.

El informe de la entidad marcó que el volumen de negocios de la oleaginosa correspondiente a la campaña 2023/24 alcanza los 33,9 millones de toneladas al cuatro de diciembre..

De este total, 27,7 millones de toneladas fueron adquiridas por la industria, mientras que las 6,2 millones de toneladas restantes fueron adquiridas por el sector exportador. Este volumen representa el 68% de la cosecha total de soja de este año en Argentina.

Este porcentaje de comercialización es 15 puntos porcentuales inferior al registrado en la campaña pasada y 8 puntos porcentuales menor que el promedio de las últimas cinco campañas. Además, se trata del porcentaje más bajo desde que existen registros, superando el mínimo del 72% registrado en la campaña 2019/20. Esta caída refleja una desaceleración en la comercialización, que ha generado preocupación en el sector.

Una de las principales razones de esta caída es el impacto de los bajos precios internacionales de la soja, que se encuentran en los niveles más bajos de los últimos cuatro años. La baja de los precios globales ha tenido su correlato en el mercado local, afectando negativamente la rentabilidad de los productores. Desde finales de mayo hasta la fecha, el precio pizarra de la oleaginosa en Argentina solo ha aumentado en promedio unos 10.000 pesos por tonelada.

El comportamiento de los precios locales también ha sido perjudicial para los productores en términos constantes, ya que se ha registrado una pérdida superior al 20%. Esta situación ha llevado a que muchos productores se muestren reacios a vender su soja a precios actuales, lo que contribuye al bajo volumen de negocios. El descenso en los precios ha reducido los márgenes de ganancia, lo que ha impactado en las decisiones comerciales.

Por otro lado, aquellos productores que decidieron vender al momento de la cosecha y destinar parte de sus ganancias a instrumentos financieros se han visto beneficiados. Las tasas de interés positivas, producto de la caída de la inflación en la segunda mitad del año, y la devaluación del dólar frente al peso, han permitido que quienes invirtieron en estas herramientas financieras obtuvieran rendimientos favorables. Esta estrategia ha sido especialmente útil en un contexto de precios bajos y volatilidad económica.