(Por redacción País Productivo) Los países de la Unión Europea se preparan para una votación clave a comienzos de la próxima semana que definirá si el bloque avanza hacia la firma del acuerdo comercial con el Mercosur antes de que termine el año.
La información fue confirmada el viernes por Dinamarca, actual titular de la presidencia rotativa del Consejo de la UE.
El entendimiento entre ambos bloques fue alcanzado en diciembre pasado, tras casi 25 años de negociaciones intermitentes, con el objetivo de crear el mayor pacto comercial jamás suscrito por la Unión. No obstante, el camino hacia su ratificación enfrenta resistencias internas, especialmente de países que advierten sobre el impacto que una mayor apertura tendría en sus sectores agrícolas.
La Comisión Europea, responsable de las negociaciones, busca ahora el aval político necesario para que su presidenta, Ursula von der Leyen, pueda viajar a Brasil y estampar la firma del acuerdo. Desde Copenhague, un funcionario danés aseguró que el calendario prevé realizar la votación la próxima semana para permitir que la rúbrica tenga lugar el 20 de diciembre, un plan que, según indicó, se mantiene sin cambios.
El resultado de la votación permanece abierto. Para prosperar, el acuerdo necesita el respaldo de al menos 15 Estados miembros que representen el 65% de la población de la UE. Alemania, España y los países nórdicos ya manifestaron su apoyo, mientras que Polonia adelantó su rechazo y Francia e Italia aún no definieron públicamente su postura.
El escenario es ajustado: si tres grandes países, junto con al menos uno adicional, votan en contra o se abstienen, la iniciativa quedaría bloqueada. Francia ha liderado las críticas al advertir que un incremento de las importaciones sudamericanas podría dañar a sus productores rurales, una preocupación compartida por otros socios.
Desde América del Sur, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, destacó la dimensión estratégica del acuerdo. Según explicó, una vez en vigor abarcaría a unos 722 millones de personas y concentraría un producto bruto interno combinado de alrededor de 22 billones de dólares, lo que lo convertiría en el mayor acuerdo comercial del mundo.
El texto apunta a desmantelar de forma progresiva los aranceles y a establecer una amplia zona de libre comercio con reglas de origen definidas, para garantizar que los beneficios se distribuyan dentro de ambos bloques. Además, incorpora disposiciones sobre servicios, propiedad intelectual, compras públicas, desarrollo sostenible, empresas estatales y mecanismos de solución de controversias, considerados clave para otorgar previsibilidad a largo plazo.
En términos concretos, el acuerdo prevé eliminar aranceles sobre el 90% del intercambio bilateral, con plazos de desgravación más largos que en otros tratados firmados por la UE. Fuentes europeas estiman que el bloque podría sumar cerca de 10.000 millones de dólares anuales en nuevas exportaciones, mientras que el comercio total adicional entre ambas regiones alcanzaría casi 60.000 millones, en un contexto global marcado por la competencia con Estados Unidos y China.
