(Por redacción de País Productivo) El empresario habló sobre la encrucijada en la que se encuentra el rubro de la indumentaria, tejidos y calzado con la apertura de importaciones, la cotización del dólar atrasado y la falta de respuesta del Ejecutivo nacional.
No es una novedad que el sector textil atraviesa una situación de urgencia que escaló a niveles difíciles de sostener. Desde la visión de Luciano Galfione, presidente de la fundación Pro Tejer, la realidad apremiante no sólo tiene origen en la apertura de las importaciones, sino también en la falta de controles que permitan una competencia equitativa con productos extranjeros y el desinterés del Gobierno por nivelar la cancha.
“La variables macroeconómicas nos ponen en absoluta desventaja y por eso lo que necesitamos son medidas que equiparen las condiciones. No estamos en contra de competir, nos hace bien, pero tenemos que hacerlo en igualdad de oportunidades. Necesitamos dos cosas: la recuperación del poder adquisitivo de la población y una administración inteligente del comercio”, reclamó el empresario en diálogo con País Productivo.
En un escenario de crisis en el cual ningún sector “la está pasando bien”, no es suficiente devolver la capacidad de consumo a los argentinos, sino que es necesario establecer políticas para evitar que las compras se inclinen a las plataformas chinas o a productos extranjeros, aclaró Galgfione. “Si las herramientas de control están revestidas de corrupción o mala administración, hay que corregir eso, no sacar la medida”, agregó.
“Todos los países del mundo, en vez de sacar controles, ponen cada vez más. Veamos lo que hace Europa o Estados Unidos”, enfatizó el entrevistado que recalcó que la imposición de estas reglas de verificación no implican necesariamente la aparición de negocios corruptos. Desde la opinión del empresario, la protección a la industria es fundamental para posicionarse entre las economías centrales del mundo.
“Argentina es un país de 50 millones de habitantes, con una extensión territorial enorme, profundamente federal y está buenísimo que tenga sectores muy buenos como el campo, la minería, el petróleo, pero eso no alcanza”, insistió el presidente de Pro Tejer.
Lo caro no es producir, sino comerciar
“Existen lugares donde la gente gana 80 dólares por mes, tiene jornadas laborales de 16 horas por ley, no tiene aguinaldo o vacaciones y el trabajo infantil está admitido. Además, no tienen ningún tipo de ley ambiental, tiran residuos a cualquier río y utilizan sustancias cancerígenas. Bueno, los países desarrollados, cuando tienen que importar de esos lugares, tienen controles. Argentina tenía esos controles y los sacó”, dijo el entrevistado para describir a aquellas matrices que ganan la competencia en el mercado.
A modo de ejemplo, el empresario avanzó en una explicación sobre las acciones de países desarrollados para condicionar el comercio de productos manufacturados en pésimas condiciones. “Tienen reglamentos técnicos y sociales. La Agenda 2030 de la Unión Europea persigue la producción de origen socialmente responsable y amigable con el medio ambiente”, aseguró el invitado.
Para Galfione, la consecuencia de no cumplir con los requerimientos de fabricar bienes sustentables puede ser una clave para nivelar la cancha y proteger la industria nacional. “Quienes no puedan demostrar que producen dentro de esos marcos, tendrán que pagar un pasaporte digital, hay que pagar una tarifa. Es una especie de multa, entre paréntesis, algo que hace que ese producto se equipare”, sostuvo.
Desempleo federal
«Nuestra industria textil está presente en 17 de las 23 provincias. Es la primera empleadora de La Rioja, Catamarca, del NOA, del NEA, Corrientes, Santiago del Estaro, entre otras. Cada vez que al sector le va mal en estos lugares, es enorme el daño social que se produce, porque en estos territorios, lamentablemente, el empleo privado es muy poco», comenzó el análisis del invitado sobre la realidad del trabajo dentro del segmento.
La búsqueda de nuevas oportunidades que hace la masa de empleados textiles luego de perder su puesto de trabajo genera, desde la perspectiva del empresario, dos fenómenos poco alentadores: el traslado de mano de obra al sector público -con un incremento del gasto para el Gobierno local- o el aumento de la tasa de desocupación lisa y llanamente.
“Pedirles que se reconviertan no solo es desconocer absolutamente la matriz productiva argentina, sino que es ignorar la las asimetrías sociales que hay a lo largo y ancho de nuestro país”, señaló y recordó que cuando tuvo la oportunidad de plantear este punto al Ejecutivo nacional, obtuvo como respuesta fue la falta de interés en el sector y la responsabilización de los altos precios de la indumentaria sobre la cabeza de los productores.
