(Por redacción País Productivo) En una jornada cargada de volatilidad, los precios de la soja, el maíz y el trigo volaron en el mercado de Chicago, por cuestiones productivas en Estados Unidos, intensas compras chinas y la guerra entre Rusia y Ucrania.
En primer lugar, la oleaginosa subió US$ 9,65 hasta los US$ 460,86 la tonelada, mientras que el contrato de noviembre hizo lo propio en US$ 10,38 a US$ 465 la tonelada, precios que no se veían hace meses.
Los principales impulsores de los valores fueron los fondos especulativos, que se lanzaron masivamente a comprar contratos futuros.
Por un lado, las subas en la harina fueron un driver que subió los precios, mientras que los chinos también hicieron su parte: compraron otras 333.000 toneladas de mercadería estadounidense y se espera que continúe en este sendero como muestra de buena voluntad en la previa del encuentro que mantendrán Xi Jinping y Donald Trump.
En cuanto al trigo, fue la guerra entre Rusia y Ucrania la que hizo que el precio escalara US$ 16,5 hasta los US$ 268,4, el valor más alto desde mediados de 2024.
«Finalmente, el mercado parece haber entrado en razón en cuanto a la gravedad de lo que hoy pasa en la zona del Mar Negro», opinaron desde la corredora de granos Granar.
En este sentido, plantearon que «se dirá que en la escalada de hoy –y en las compras de los especuladores– influyó una noticia publicada por la agencia Bloomberg en cuanto a supuestos planes de Rusia para acentuar sus ataques con misiles contra Ucrania, pero lo concreto es que el hecho alcista es la paralización de los despachos de trigo desde ambos países como no había ocurrido hasta ahora en los más de cuatro años de guerra».
El maíz no quiso quedarse atrás y avanzó US$ 5,31 a US$ 202,35 la tonelada, encadenando su sexta suba consecutiva y alcanzando su precio más alto en 20 meses.
Entre las razones de la continuidad de la tendencia positiva se destacaron la previsión de una cosecha estadounidense bastante menor que las proyecciones oficiales; las severas restricciones que padece Ucrania para exportar desde los puertos sobre el Mar Negro, sometidos a ataques diarios del ejército ruso, y los malos augurios vigentes para la producción en la Unión Europea, que ya están repercutiendo sobre el ritmo de las importaciones del bloque.
