(Por redacción País Productivo) Las pequeñas y medianas empresas argentinas comenzaron a mostrar un mayor optimismo sobre el escenario económico, aunque la mejora todavía no alcanza para traducirse en una decisión más firme de ampliar el capital productivo.
De esta manera, en el segundo trimestre, la confianza empresarial trepó 2,7 puntos y llegó a 43 unidades, según el relevamiento de la Fundación Observatorio Pyme.
El dato marca una recuperación frente a los primeros meses del año, pero mantiene una señal de cautela: en la comparación interanual, el índice todavía se encuentra 4,5 puntos por debajo del registro de 2025. Así, el humor empresario mejora en términos trimestrales, aunque todavía no recupera completamente los niveles del año pasado.
La diferencia entre la percepción del presente y la mirada hacia adelante explica buena parte de esta dinámica. El indicador de condiciones actuales avanzó 2 puntos, hasta 32,2, mientras que las expectativas futuras subieron 3,8 puntos y alcanzaron 52,1. La distancia entre ambos registros llegó a 19,8 puntos.
Ese salto de las expectativas constituye uno de los datos más relevantes del relevamiento. Por primera vez en este período, la medición prospectiva volvió a ubicarse por encima de los 50 puntos, nivel que funciona como referencia para distinguir una percepción expansiva de una contractiva.
Pero el mayor optimismo todavía no se convierte en una mayor predisposición a invertir. El indicador específico sobre el momento para realizar inversiones retrocedió 1,7 puntos durante el trimestre y quedó en 34,6 unidades, convirtiéndose en el único componente de la confianza que mostró una evolución negativa.
La cautela aparece también al observar la utilización de la capacidad productiva. La industria manufacturera trabaja actualmente con el 58,4% de sus instalaciones, lo que implica que más de cuatro de cada diez unidades de capacidad permanecen ociosas. En ese contexto, la necesidad de incorporar maquinaria o ampliar plantas pierde urgencia para muchas empresas.
El desempeño de las pymes industriales, de todos modos, mostró una mejora considerable. El indicador manufacturero aumentó 10,3 puntos y alcanzó 44,3 unidades, apenas 0,7 puntos por debajo del nivel registrado un año atrás. La magnitud del salto, sin embargo, debe ser interpretada con cierta prudencia debido al componente estacional.
De hecho, el informe señala que durante el segundo trimestre suele producirse un repunte de este indicador. Entre 2023 y 2025, el avance promedio en ese período fue de 7,7 puntos, por lo que parte del salto observado en 2026 responde a un comportamiento que ya se había registrado en años anteriores.
La mejora tampoco alcanza todavía para hablar de una expansión generalizada de la actividad fabril. Los cinco componentes que conforman el PMI-PyME permanecieron por debajo de los 50 puntos, frontera que separa la expansión de la contracción. El escenario, por lo tanto, combina una recuperación del ánimo con niveles de actividad todavía contenidos.
La cartera de pedidos, uno de los indicadores más importantes para anticipar el comportamiento de la demanda, se ubicó en 42,6 puntos. La producción llegó a 45,4 y el empleo a 44,7, todos registros inferiores al nivel considerado expansivo. Los números muestran que todavía predominan las empresas que reducen su actividad o su dotación por sobre aquellas que avanzan en sentido contrario.
También aparecen señales de prudencia en las decisiones de abastecimiento. El índice de stocks de insumos fue de apenas 39,4 puntos, el registro más bajo entre los componentes relevados. Al tratarse de una variable vinculada con las compras anticipadas, el dato sugiere que las empresas aún no están aumentando de manera significativa sus inventarios en previsión de una aceleración de la demanda.
El tiempo de entrega de los proveedores, en tanto, alcanzó 48,9 puntos. Aunque permanece debajo de 50, su lectura requiere considerar la metodología del indicador: una extensión de los plazos puede reflejar una mayor presión sobre la cadena de abastecimiento cuando está asociada con un incremento de los pedidos.
La distancia entre expectativas e inversión deja así planteado el principal interrogante para los próximos meses. Como sintetiza el informe: «La confianza empresaria antecede a la decisión». En otras palabras, el cambio en las percepciones puede anticipar una mejora posterior de la producción, el empleo y el gasto de capital, pero todavía no garantiza que esa transición vaya a concretarse.
Por ahora, el escenario para las pymes combina un horizonte algo más alentador con una realidad productiva que continúa imponiendo límites. Con la confianza en 43 puntos, las expectativas futuras en 52,1 y la intención de invertir en apenas 34,6, el sector parece estar recuperando primero el optimismo y dejando para una segunda etapa las decisiones que impliquen comprometer capital.
