(Por redacción País Productivo) Hace meses que se preveía que la campaña de trigo le daría al país una gran cosecha, pero no estaba en los planes de nadie que alcanzara este volumen histórico.

En las últimas horas, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdeC) volvió a incrementar la proyección de trilla: en este caso lo hizo en 1,5 millones de toneladas respecto a la estimación de la semana pasada y la ubicó en 25,5 millones de toneladas, récord total en la historia Argentina.

Según la entidad, la cosecha ya cubre el 33,9 % del área apta, luego de un progreso intersemanal de 13,6 puntos. Esto implica que ya se volcaron al mercado unas 8 millones de toneladas, volumen inédito para esta época del año.

«Las labores se extienden hacia zonas del centro del área agrícola alcanzando con un ritmo similar al del avance promedio histórico, arrojando rendimientos que superan a los esperados hasta nuestra anterior proyección de producción, con un valor nacional de 35,9 quintales por hectárea (qq/ha).

A su vez, «la evaluación del impacto de las heladas de fines de octubre muestra daños menores a los previstos, tanto en la extensión del área afectada como en la severidad del daño, reflejando cómo los
elevados niveles de humedad presentes en el perfil contribuyeron a amortiguar el efecto de estos eventos».

Estos rindes superlativos, junto al bajo impacto de las heladas, permitieron Argentina coseche más de 7 millones de toneladas más que el año pasado.

No obstante, esta super cosecha trae aparejados sus problemas. En primer lugar, una sobre oferta local en un mundo por demás de abastecido. Argentina consume 7 millones de toneladas anuales y 5 millones van a Brasil. Bajo este panorama, sobran 13,5 millones de toneladas, que tendrá que ubicar en algún lado y a bajo precio.

De hecho, el valor local del trigo está en mínimos desde 2019, rondando los US$ 160 la tonelada, cuando hace una semana se pagaba US$ 180.

Por otro lado, los grandes rendimientos, con una fertilización normal esperando rindes promedios, llevan a que el grano tenga baja calidad proteica. Eso no solo implica que a los US$ 160 que se le pagan a los productores reciban mayores descuentos, sino que será un dolor de cabeza para la molinería, por el bajo gluten que tendrá el trigo, como así también para la exportación, que tendrá que vender una buena parte como trigo forrajero.

Sin embargo, este extraordinario volumen, más allá de estas complicaciones, podría dejar en el país unos US$ 3.500 millones, un 20% que en la campaña pasada.