(por Christian Veltri) La cultura es una parte fundamental de las actividades turísticas de una ciudad, sobre todo con sus muesos. Pero no todo es como se pinta. Aportes privados y estatales, burbujas inmobiliarias, estabilidad o crisis económica marcan los vaivenes del turismo cultural. El ejemplo de la crisis de los museos de China.

Uno de los lugares por excelencia en todo circuito turístico de cualquier ciudad en el mundo es el museo. Malba, Bellas Artes, El Prado, Louvre, MoMA, Metropolitan Art Museum, Museo Británico, el turismo y la cultura van de la mano como niños enamorados. Pero como toda pareja de enamorados también sufren crisis, a veces terminales.

Los museos dependen su subsistencia de diversos factores, todos atados a los auges o las crisis de las economías locales. Aportes privados, subsidios estatales, venta de tickets, suben y bajan al ritmo de la economía local y el turismo nacional e internacional.

El Museo del Louvre de París (que fue noticia en octubre pasado por el robo sufrido) se financia por aportes del gobierno francés, aportes privados de empresas y particulares y por la venta de entradas y merchandising. Pero, ante la necesidad de financiar su plan de obras de modernización y mantenimiento y hacer frente al contexto inflacionario actual, el museo anunció la suba del valor de su ticket para turistas no residentes en la Comunidad Europea a partir del 14 de enero. El valor pasará de los actuales 22 euros a 32 euros (para los residentes seguirá manteniendo el precio actual). Este mueso es el más visitado del mundo, en 2025 pasaron por él 8,8 millones de visitantes a admirar sus obras de arte.

El Louvre atraviesa estos días un estado de huelga de sus trabajadores, que protestan por la falta de personal, actualización de salarios, y el deterioro del edificio (evidenciado en el robo ocurrido el 19 de octubre pasado=.

En Buenos Aires, el Malba adquiere su financiación de la venta de entradas, el canon por concesiones de espacios internos (restaurantes, tiendas), patrocinadores privados y su “Asociación de Amigos”. Todo esto llega a cubrir alrededor del 50% de su presupuesto anual, el resto debe ser aportado a través de la Fundación Malba por su fundador, el empresario Eduardo Costantini.

Un caso emblema es China. Es que los museos privados empezaron a sufrir por la crisis económica e inmobiliaria, y por los números de visitantes que circulan por sus instalaciones.

Haciendo un poco de historia, entre 2015 y 2020, en China se abría un museo nuevo cada dos días (según la Asociación de Museos de China, entre 2009 y 2015 se abrieron casi 1.600 nuevos museos). Este auge aperturista fue acompañado de un aumento considerable en la cifra de visitantes a museos, llegando en 2019, a superar la módica suma de 1200 millones de visitantes (26 veces toda la población de nuestro país visitando museos).

Pero la pandemia Covid-19, como a todo y a todos.

El auge de los museos en China está atado a iniciativas de empresas privadas. Con la caída del sector inmobiliario, el sector de los museos empieza a verse muy afectado, haciéndose visible sobre todo con los múltiples cierres y reducciones, marcando un modelo de gestión deficiente (los museos privados en China, suelen tener licencias vinculadas a una empresa matriz que garantiza su financiación anual). 

“La burbuja de los museos en China ha estallado, ha sido un proceso de auge y caída, reflejo de la situación económica general del país”, afirmaba Colin Chinnery, artista y cofundador del Sound Art Museum de Pekín.

El decrecimiento de la economía china está afectando de forma directa a los museos, que enfrentaron cierres o recortes por factores económicos como la dependencia del mercado inmobiliario o la ausencia de apoyos fiscales e institucionales.

El TAG Art Museum en Qingdao anunció su cierre temporal el pasado 1 de julio en sus redes sociales; dado que sus ingresos (declarados en 2024) solo superaban los 280.000 dólares contra los 220 millones de dólares que costó su apertura en 2021. El TAG fue proyectado dentro de un campus filial de la Central Academy of Fine Arts (CAFA), pero la modificación en la política educativa del gobierno chino en 2021, cuando prohibió a las universidades abrir sedes en ciudades que no sean sus provincias de base para prevenir la dispersión de recursos docentes, afectó el flujo de visitantes y recursos específicos, dejándolo solo con ingresos de colaboraciones privadas y eventos esporádicos.

 Otro ejemplo fue el UCCA Centre for Contemporary Art de Beijing, que a principios de 2024 dejó de pagar los sueldos del personal, situación que se prolongó durante 6 meses, dada la disminución de recaudación en aportes privados. Este museo se sostiene sin ayuda estatal, solo con patrocinio privado, demostró este último tiempo una gran capacidad de resiliencia, atrayendo aportes privados y abriendo proyectos públicos, lo que le dan sostenibilidad en el presente.  

Otro factor que afecta directamente en este rubro es el vaivén que sufre el sector inmobiliario. El colapso de operadores inmobiliarios como Evergrande Group o Country Garden en 2021 y el retiro de gigantes estatales, como la OCT (Overseas Chinese Town) que cerró cuatro museos OCAT en grandes ciudades, o el cese del programa de exhibiciones y exposiciones en el Guangdong Times Museum de Guangzhou en 2022, mostraron la dependencia y vulnerabilidad del sector por la debilidad financiera de las empresas matrices.

El ejemplo de China podría ser válido en cualquier país. Los museos, tanto públicos como privados, subsisten gracias a una aceitada combinación de aportes financieros públicos y privados, y la generación de ingresos propios por explotación de su actividad, como venta de entrada o merchandising, exposiciones o alquiler del espacio para eventos.

La estabilización de la caída del mercado inmobiliario chino después de varios años, sumado a la búsqueda de nuevos sostenes financieros e incentivos fiscales muestran un soplo de aire al final del camino pero que muestran la importancia y dimensión del desafío que enfrenta la cultura y el turismo cultural.