(Por Lucas Bo).- Original encuentro de la UIPBA: partido bajo la lluvia y carga impositiva a cuestas. Lejos del micrófono, los empresarios describen un doble abandono: el de Kicillof y el de Milei. Hay receta, pero poca confianza en que ambos la apliquen.

Con 1.374 fábricas y 45.115 puestos de trabajo menos en la Provincia desde junio de 2023, los industriales bonaerenses llegaron a su Día de la Industria con una sensación compartida y es que no tienen escucha tanto en el gobierno nacional como provincial. Fuera de micrófono se muestran más duros con Axel Kicillof y cuentan que sus funcionarios “se sacan de encima la responsabilidad y mandan a putear a Milei”, pero ellos aseguran que aunque el Presidente los destrate no van “ponerse a la par”. Frente a ese doble abandono, repiten una receta que mezcla una parte oficial que es bajar impuestos, mientras que por lo bajo sugieren un dólar más caro.

El color de la jornada se lo puso UIPBA Joven con la organización de un partido de fútbol en el que uno de los equipos salió a la cancha con una mochila en la espalda, simulando el peso de la carga impositiva que soporta el sector. La lluvia, claro, no figuraba en el programa. Cayó con ganas, el campo quedó anegado y la pelota casi no rodaba. Jugar con la mochila puesta sobre una cancha inundada, mientras los rivales, en la lectura de los industriales, juegan en cancha seca y sin carga, importaciones a precios derrumbados y contrabando incluidos, es la mejor metáfora del reclamo que el sector le hace al Estado.

La actividad reunió a empresarios, políticos y sindicalistas. Hubo un panel titulado “Producir en Argentina: competitividad, empresa y realidad” que contó con el cierre de Alejandro Gentile, dirigente de Techint y presidente de UIPBA; donde detalló que desde junio de 2023 se perdieron 1.374 fábricas industriales en la Provincia, un 6,3%, de las cuales 100 de ellas bajaron la persiana solo en el último mes. Esto se traduce en 45.115 trabajadores menos dejando solo 480.821 puestos en pie, el nivel más bajo de la serie.

La Provincia, que concentra el 43,3% del empleo industrial del país, explica casi la mitad de su pérdida: 45,2%, con 45.115 de los 99.896 puestos que se perdieron a nivel nacional. También aporta algo más de tres de cada diez fábricas cerradas (34,7% de las 3.960 del país). Para dimensionar, la Ciudad de Buenos Aires perdió 15.631 puestos, mientras que en Santa Fe y Córdoba hay 11.258 y 8.977 puestos menos respectivamente.

El informe de UIPBA muestra que la crisis pega más fuerte en sectores como el caucho, donde nueve de cada diez puestos perdidos en el país fueron bonaerenses. La planta promedio pasó de 40 a 24 puestos, algo que, según el documento, no ocurrió en ninguna otra jurisdicción. “No es una crisis de cierres: es de vaciamiento”, resume el informe. Una empresaria del sector, que pasó de 140 a 50 trabajadores en los últimos años, le reconoció a País Productivo que el 31 de diciembre definirá si baja o no la persiana.

Entre los expositores estuvo Mariano Mayo, protesorero de la entidad y socio de la fábrica de calzado Donne. En esta rama de la industria el empleo bonaerense cayó 43,3% entre mayo de 2023 y mayo de 2026, de 9.674 a 5.486 puestos. De las 243 fábricas de calzado que cerraron en el país, 147 estaban en la Provincia, y de cada 100 puestos industriales que perdió el territorio bonaerense, 10 eran del calzado. Mayo fue claro ante los 80 comensales que lo escucharon cuando afirmó que si bien se prepararon para competir, “el mercado está retraído” y que hay una “realidad dura”.

En el encuentro también se pudo escuchar a Irini Wentinck, prosecretaria y directora de WTK; Adrián Pérez, secretario general de la UOM Quilmes; Horacio Castagnini, presidente de la Unión Industrial de Quilmes; y los representantes de UIPBA Joven Luciana Blasucci (Blasmetal) y Matías Miron (Miron). De sus palabras quedó claro que el consumo cae porque “la gente administra su consumo del 1 al 15” y su diagnóstico central es que “la actualización de precios relativos está distorsionada, sin actualización de ingresos y con una economía cara en dólares”.
Ese mismo día el Indec difundió el índice de producción industrial de agosto: subió 1,9% frente a julio, pero cayó 3,2% contra agosto de 2025, y el acumulado de los primeros ocho meses del año es una contracción de 2,7%. Según el organismo, once de las dieciséis divisiones industriales retrocedieron en la comparación interanual.

Sobre las importaciones matizaron: no son buenas ni malas, porque la mayoría necesita insumos importados a precios competitivos. “El mayor problema son las importaciones en las que hay desequilibrio en cuanto a costos. Es inviable competir contra China con una escala enorme y con una política de expansión. Las importaciones son malas cuando competimos de manera desleal y el contrabando”, planteó Wentinck.

Los informes sectoriales de UIPBA apuntan en esa dirección, con una salvedad que también cuenta. En neumáticos, en 2025 entró el doble de toneladas que en 2023 (239 mil contra 120 mil) con un precio por kilo 39% menor. En calzado, en cambio, la importación cayó 31,3% en 2026 y el empleo igual se redujo 23,5% en el último año: según el propio informe, menos importación no se tradujo en más producción local, porque lo que cayó fue el consumo. A eso se suma el canal que ninguna estadística mide: la Cámara de la Industria del Calzado estima, como orden de magnitud, 6 millones de pares de zapatillas ingresados por contrabando.

En ese marco, UIPBA presentó su estudio sobre Ingresos Brutos y propone una senda gradual. Las micro y pequeñas industrias, con facturación de hasta $3.200 millones, quedarían exentas desde el primer año, como ya ocurre en Córdoba. A las medianas se les bajaría la alícuota 0,5 punto por año hasta llegar a cero en tres años. Las grandes igualarían primero tendrán una alícuota 1,2% y luego recortarían 0,3 punto por año durante cinco. La propuesta se presenta con la aclaración de que no busca desfinanciar a la Provincia sino que para compensar plantea un programa conjunto con ARBA para ampliar el padrón de contribuyentes industriales, incorporar a las empresas medianas y grandes como agentes de retención y eliminar la alícuota reducida de 2,5% del pequeño comercio, que pasaría a una única de 3,5%.

Empresarios consultados por País Productivo en la actividad coincidieron en que existe un componente dogmático en la mirada que tienen sobre los impuestos los funcionarios del gobierno de Axel Kicillof. “Si querés tener una política industrial, el camino hoy es bajar impuestos. Tenemos que competir contra industrias que no pagan nada, contra el contrabando, contra la competencia desleal”, sostuvo uno de ellos. Asegura que “no ve en estos siete años de Kicillof una política industrial”, y que la sensación que les queda después de cada reunión es que “se sacan de encima la responsabilidad y mandan a putear a Milei”. A eso se suma que, afirman, no hay feeling con Augusto Costa, el ministro de Producción bonaerense.

Tampoco encuentran escucha en Nación, pero acá la reacción es otra. Uno de los dirigentes de la UIPBA consultado sobre por qué no suben el tono contra el Presidente pese a los ataques, respondió: “La UIA no es combativa, es crítica y propone. No nos vamos a poner a la par de Milei.” Y agregó: “Nos han puteado todos. (Francisco) Cabrera nos dijo llorones; estamos por encima de esa agresión”. Se refería al exministro de Producción de Mauricio Macri, que en 2018 les pidió que “se dejen de llorar”.

Otro debate que salió en las mesas en relación a las reacciones de Milei, a quien ven “preocupado” y que por eso “levanta el volumen”, es por una actitud más condescendiente con el campo. La respuesta incluye un análisis autocrítico sin solución de momento: “El campo tiene una conexión con la sociedad y desde la 125 creó un vínculo, y nadie se les enfrenta. ¿Nosotros qué conexión tenemos? Perdimos el vínculo con la sociedad, no le hablamos más”.

La receta: impuestos y un dólar más caro

Bajar impuestos es la mitad del planteo ya que la otra mitad solo se dice en voz baja y es el tipo de cambio. “Milei todavía la puede dar vuelta: si devalúa un poco, deja correr el dólar a 1.800, se activa la construcción y arrancás con otra temperatura”, razonó uno de ellos. Y enseguida: “Igual sabemos que no lo va a hacer”. Con el dólar minorista en torno a $1.540, un dólar a $1.800 implicaría una suba cercana al 17%, todavía por debajo del techo de la banda cambiaria. La lógica del pedido es que con un dólar quieto y precios internos que subieron, producir en el país se encareció en moneda dura mientras que importar se abarató, es la “economía cara en dólares” que describen. Un tipo de cambio más alto devolvería margen a quien compite con importados o exporta, y también a la construcción, cuyos inmuebles se miden en dólares mientras que sus costos se pagan en pesos. Según el Indec, la actividad de la construcción cayó 4,4% interanual en agosto, aunque acumula una suba de 0,8% en el año. Pero la receta tiene una tensión que los propios industriales dejan a la vista y es que un salto del dólar presiona los precios y licúa ingresos, precisamente el consumo que dicen que falta porque ellos mismos hablan de salarios sin actualizar y de familias que administran el gasto “del 1 al 15”.

A un año de las elecciones, no se animan a pronosticar qué puede ocurrir. “Buenos Aires está difícil”, dicen. “Acá hay gente antikirchnerista que no vota a Milei y gente peronista que no está de acuerdo con Kicillof. Nadie quiere que vuelva lo anterior”, describe uno de los presentes que echa un vistazo general a sus colegas. Los empresarios presienten “mucho ausentismo y voto en blanco” y sienten que la industria no tiene representación entre los dirigentes políticos y los posibles candidatos. De haber ballotage, uno de ellos presiente que “es una moneda al aire” y que “para Milei lo mejor es que sea Kicillof, pero si es otro tiene un problema”