El especialista en relaciones internacionales desmenuzó el discurso del diplomático norteamericano Peter Lamelas y resaltó el desconocimiento, la visión colonialista y la falta de reacción del Gobierno nacional.

La idea Peter Lamelas sobre las funciones que desarrollará como embajador en Argentina no solo develaron la intención injerencista de Estados Unidos y una falta de respeto a los pilares del derecho local, sino que dejaron al descubierto la falta de una estrategia oficial de inserción mundial, consideró Diego Dalena, coordinador de Federalismo y Relaciones Internacionales de la Red Argentina de Profesionales para la Política Exterior (REDAPPE).

El discurso, en su cara más inofensiva, se declamó “para la tribuna”, explicó el especialista en una entrevista con País Productivo. Al exponer en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, Lamelas dijo -entre muchas otras cosas- que vendrá a la Argentina para limitar “la influencia maligna de potencias adversarias en la región”, como China, Irán y Venezuela.
En cuanto a la faceta preocupante de esas palabras, Dalena planteó tres ejes principales que aparecen como banderas rojas a las que se debe poner una especial atención por la gravedad que implican.

“Más allá del ruido que han generado, en los dichos se observó un discurso lleno de prejuicios ideológicos, con una mentalidad de Guerra Fría  y que están respaldados detrás de una lógica anacrónica que reaviva temores de algo que no queremos y que no necesitamos como fue la Doctrina Monroe de intervencionismo clásico de Estados Unidos”, sostuvo.

El experto en relaciones internacionales explicó que el primer principio atacado por quien ha sido propuesto por la administración de Donald Trump como futuro embajador de EE.UU. en Buenos Aires es la estructura de organización del gobierno adoptada por Argentina. “Hay una visión colonial de la relación con las provincias. Hay una idea distorsionada del federalismo y la paradiplomacia”, recalcó.

“Lamelas asume que la articulación internacional es ilegítima si no está supervisada por el gobierno de Estados Unidos, que es sospechosa si incluye actores no occidentales y que debe ser corregida por la acción de un embajador extranjero”, continuó Dalena, que hizo hincapié en que el control de un funcionario de este tipo “no solo es una injerencia inadmisible, sino que pone de manifiesto una relación asimétrica y tutelar”. 

“Es incompatible con los principios básicos de una democracia moderna”, insistió el entrevistado con descontento para cerrar su reflexión sobre este ítem del análisis y avanzó con el segundo punto alarmante: el intervencionismo político y jurídico. “Esto implica una ruptura con la tradición histórica en la diplomacia de no tomar posición en procesos legales abiertos en otros países”, renegó.

“Cuando habla de Cristina (Fernández de Kirchner) deja ver un desprecio por la división de poderes y por el principio de no intervención; cuestiones que son pilares básicos del derecho. Un embajador no es fiscal, no es vocero judicial y mucho menos es un operador político faccioso”, agregó el experto.

En el cierre del desmembramiento del discurso de Lamelas en el que se embarcó el especialista aparece el capital estratégico nacional. “Este punto tiene que ver con fantasmas geopolíticos. Cuando dice que va a trabajar para que los recursos de Argentina beneficien a ambas naciones o reducir barreras comerciales, explicita una visión del país como un territorio seudocolonial para los intereses de Estados Unidos”, aseguró el invitado.

Para el experto, el problema no radica en mostrar una intención que es común a todos los países, sino que está en hablar de una “propiedad compartida” de las riquezas. “Además, habla desde un alineamiento a un bloque anti China, anti Irán, anti Venezuela, cuando Argentina buscó históricamente un posicionamiento multilateral”, finalizó.

El fenómeno de la paradiplomacia

Además de señalar los principales puntos de alerta del discurso del candidato a embajador, Dalena destacó su falta de conocimiento del cargo que pretende cubrir. “Puede ser una cuestión de formación. Lamelas es médico y empresario, no tiene experiencia diplomática. Tal vez por eso no solo demuestra un desconocimiento del federalismo argentino, sino que denota una profunda ignorancia respecto de su propio sistema federal «, afirmó.

«En su país los Estados tienen igual o mayor autonomía para vincularse con el exterior, esto se relaciona con la paradiplomacia, que es un fenómeno creciente”, continuó diciendo el especialista para introducir a la conversación otro concepto que considera que se debe tener presente en la discusión.

“En nuestro país, muchas provincias tienen convenios transparentes con ciertos organismos multilaterales y redes globales de todo el mundo, no solamente de China. Lo que hizo Lamelas fue una lectura facciosa respecto del rol del país oriental y la tendencia que tiene en la región”, explicó el entrevistado, que consideró necesario contar que hay una inclinación progresiva de esta forma de financiamiento entre los distritos.

También pensó que es importante aclarar la legitimidad de este medio: “La Constitución consagra el manejo de las relaciones exteriores y la representación del Estado Nacional como facultad del gobierno central. No obstante, establece la autonomía de las provincias, no solo en el manejo de sus recursos, sino también en todo lo que tiene que ver con su gestión y representación internacional”.

“No es un fenómeno nuevo”, reconoció Dalena y definió a la paradiplomacia como “la capacidad que tienen los gobiernos locales para vincularse con redes globales en un mundo globalizado e interdependiente”. Desde su trabajo cotidiano nota que son cada vez más notorios los casos de provincias y municipios que usan estos recursos. “Los organismos buscan canales y circuitos para financiar directamente a estas administraciones dentro del marco de la Constitución Nacional”, agregó.

La esperanza de un rechazo general

La reacción del arco político argentino es una preocupación que dejó trascender el entrevistado en la conversación. Recalcó que si bien hubo algunas expresiones de funcionarios y figuras importantes, como la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, no hubo una oposición unificada y transversal a todos los colores partidarios. 

“Espero que esto nos atraviese como país y tengamos por lo menos una posición de repudio respecto de estas manifestaciones; que el presidente Javier Milei rechace la designación, que también depende del Ejecutivo del país receptor. Tenemos que sentar estas posiciones, porque violan las autonomías provinciales”, insistió.

A pesar de su expectativa en cuanto a una reacción uniforme de los actores políticos, Dalena tuvo que resignarse a un idea que, sin lugar a dudas, choca contra su deseo y que tiene que ver con el hecho de que la gestión libertaria resultó respaldada por el pensamiento que manifestó Peter Lamelas.

“Estos dichos no están sueltos en el aire, están insertos en un clima de época y alineados con un discurso local y radicalizado que tiene por objetivo destruir el Estado, discutir la soberanía y la política como una herramienta de transformación social”, se lamentó el invitado en comunicación telefónica con País Productivo.

Pensar en la postura del oficialismo nacional llevó la charla a una comparación, inevitable, con las “relaciones carnales”, que se mantuvieron con Estados Unidos durante la presidencia de Carlos Menem. “En los años ‘90 se intentaba capitalizar ese sometimiento con la obtención de algún beneficio político o económico”, recordó para marcar una diferencia entre aquel momento y la actualidad.

Luego sumó otra idea a la reflexión: “No veo, por lo menos desde que asumió hasta la fecha, cuál es el interés del Gobierno de Javier Milei en un alineamiento tan subordinado respecto de los intereses del norte. No encuentro algo que favorezca al crecimiento nacional o ayude a resolver problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad o la inflación”.

Como corolario destacó: “Lo que no estamos haciendo bien es pensar nuestra inserción internacional de manera estratégica y planificada. Hay un alineamiento irrestricto con Estados Unidos e Israel que no tiene que ver con el mundo de hoy y con las nuevas agendas. Esto no nos trae ningún tipo de beneficio”.