(Por redacción País Productivo) El sector científico y de la innovación ha sido uno de los más afectados por los cambios de políticas públicas y del orden macroeconómico que está implementando el gobierno de Javier Milei, donde hay una decisión oficial de que el Estado se corra como un actor preponderante en la materia, llevando a un desfinanciamiento total de la educación y de la investigación científica.
Es por eso que el economista y ex presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, Fernando Peirano, considera que estos sectores son los que más han perdido en este año que lleva Milei como Presidente de la Nación.
«La lista de quienes perdieron en el cambio de orientación del país empieza por los científicos, por los universitarios y por los jubilados. Sigue por los que trabajan en la industria, sean empresarios o trabajadores operarios. La lista, en términos de sectores y nombres, es esa», dijo Peirano en diálogo con País Productivo Radio.
Para Peirano, «en términos de cantidades, podemos decir que son la mayoría de los argentinos, porque si este es un año marcado por algo, es por la caída del consumo y de los ingresos. Y en especial, todo esto se justifica con una idea que es el orden de las cuentas públicas, ordenar la macroeconomía, que en realidad es, como muchas de estos eslóganes, una gran falacia. Tras de eso, ¿qué tenemos? Una profunda descapitalización, porque no es un ahorro, sino una descapitalización».
«La descapitalización es haber perdido gran parte de la articulación, por ahora, de un complejo sistema de ciencia, universidad e industria, con la oportunidad de producir cosas que no producen todos los países, como vacunas, satélites, capacidad de producir radares. Yo tengo la sensación y la convicción, quizás hoy a muchos les cuesta afirmarlo, pero yo no tengo duda, de que estamos yendo a contramano del desarrollo, por más que algunas cosas parezcan más ordenadas de lo que estaban antes», sostuvo.
Peirano sostuvo que este ordenamiento de algunos números de la economía se dan «a un costo de sacrificar futuro, a un costo de sacrificar capacidades que nos costó mucho construir en el pasado, y a un costo de un presente donde, como decía en la lista, hay sectores muy importantes y muy numerosos que son los perdedores de este cambio, donde dejamos de cobrar impuestos a los más ricos y le sacamos medicamentos a los jubilados».
En este sentido, afirmó que «lo más urgente es frenar la fuga de cerebros. Lo más urgente es volver a convencer a los más jóvenes de que vale la pena hacer una carrera científica, que esa vocación que tienen no la tienen que resignar y que la Argentina es el mejor lugar para hacerlo. Luego vendrán discusiones sobre calibrar presupuestos, de calibrar reglas, de avanzar con resultados de investigación que se expresen, sin duda, en artículos científicos, pero dándole también más oportunidades a la transferencia, a las patentes, a las licencias, a crear empresas de base tecnológica».
«Es necesario completar lo que no hemos podido completar: al desarrollo argentino le faltan actores, le faltan más centros tecnológicos, le faltan más empresas nacientes basadas en una idea científica, le faltan instituciones que hagan de traductores entre las necesidades y oportunidades de la ciencia y lo que puede hacer la industria. Hay mucho por hacer. El desarrollo es un ejercicio que nunca se termina, pero hoy lo más urgente es frenar lo que no vamos a poder recuperar, que es lo que se va: los recursos humanos, el talento, los más jóvenes, que se van, algunos por desánimo y otros porque tienen sus oportunidades fuera del país. Eso deja una huella», completó.
Tipo de cambio
Pero por otro lado, Peirano también considera que el planchamiento y atraso del tipo de cambio está llevando a que aquellas empresas que eran competitivas, ya no lo sean.
«Lo que está ocurriendo es que tenemos un orden macroeconómico que sacrifica el tipo de cambio. Tenemos un tipo de cambio que genera una paradoja: muchas empresas que son eficientes de la puerta para adentro, que tienen buena productividad, han perdido notablemente competitividad. Es decir, no pueden colocar sus productos ni siquiera ya en el mercado argentino», dijo Peirano.
En esta línea, marco que «este es un camino que conocemos en Argentina y es muy desgastante y hiere profundamente a la trama social y productiva del país. Entonces, estamos logrando algunas cosas que pueden ser más grandes o más pequeñas, pero a un costo altísimo, y donde no hay rentabilidad, donde no hay oportunidad para que la industria crezca, la inversión no aparece».
«Y sin inversión, la oportunidad de la innovación no está. Entonces, si vamos a una economía más simple, basada en una sola locomotora, en un motor que puede ser ilusoriamente Vaca Muerta, pero Vaca Muerta no va asociada a conocimiento, a industria, a valor agregado, a empleo, bueno, se va a terminar organizando las variables macroeconómicas en función de la rentabilidad de ese negocio, pero al costo de padecer una desindustrialización profunda y mucho más marcada de la que ya tenemos», concluyó.