A horas de la finalización de la rebaja temporal de retenciones para algunos complejos del agro, el especialista analizó el posible futuro de la venta de commodities de cara a las elecciones. A su entender, el escenario no será alentador para el gobierno.
Si bien la estrategia del gobierno de bajar la alícuota del derecho de exportación para acelerar la liquidación de granos logró su cometido, al finalizar el beneficio surgen las dudas en torno a la venta del remanente que quedó en manos de los productores. Los dueños de la cosecha, con la conciencia tranquila de haber pagado las deudas y costos, descansan sobre un margen de acción que podría presionar el precio del dólar hacia el techo de la banda, asegura Javier Preciado Patiño, ingeniero agrónomo y consultor.
La iniciativa del oficialismo fue temporal y solo se extenderá para el trigo y la cebada. De esta manera, la salida al exterior de la soja, el girasol y el maíz volverá a tener el mismo costo impositivo que tenía en enero. En conversación con País Productivo, el experto -que también fue subsecretario de Mercados Agrarios del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la nación- propone hacer un repaso de los antecedentes para comenzar el análisis de la situación actual.
“Tuvimos una cosecha bastante buena, de 50 millones de toneladas, que más temprano o más tarde se termina vendiendo. En enero, el gobierno estaba sintiendo la presión sobre el dólar y para que se acelere el ingreso de divisas decidió bajar las retenciones; aceleró los tiempos del proceso”, recordó el entrevistado.
Preciado Patiño entiende que la medida funcionó, pero resalta que el punto de mayor venta y liquidación de granos se registró en junio, días antes del vencimiento del beneficio. “Se exportaron 21 millones de toneladas, es un número altísimo y se consiguió el ingreso de US$5.500 aproximadamente y un poco más porque la liquidación viene con delay”, explicó.
Aun así y más allá de haber alcanzado el resultado esperado, la gestión libertaria decidió no extender la rebaja para la soja y el maíz. El especialista dio una explicación sobre ese tema: “Parece que el equipo económico del ministro Luis Caputo no quiere seguir sacrificando recursos fiscales. Esta medida le costó al gobierno no menos de US$900 millones en ingresos por derecho de exportación”.
El problema que ve el ingeniero agrónomo a partir del camino adoptado por el oficialismo tiene que ver con la tranquilidad de los productores luego de haber pagado las deudas y el costo de la siembra. “Suben las retenciones, se va a generar una profunda baja en la venta de soja y en la adaptación de nuevas exportaciones, esto va a poner presión sobre el dólar”, remarcó en la conversación radial.
Un escenario poco alentador
“Caputo buscó acelerar los tiempos de liquidación y que se venda lo más posible antes del 30 de junio para que entren rápido divisas a la economía. Lo malo es que estamos perdiendo dólares tan rápido como se están generando, debido a las importaciones y al turismo, entre otros mecanismos. El desafío del gobierno es conseguir reservas en agosto, septiembre y octubre”, así describió Preciado Patiño el momento actual.
Planteado el escenario, el entrevistado invitó a los oyentes a dejar de lado la idea de que el pequeño productor es el que vende y el grande el que especula. “En general venden tanto los que siembran a gran escala como los que lo hacen en medianas y pequeñas cantidades. Tiene que ver con las deudas que trae cada uno de los actores”, aclaró y dio un ejemplo gráfico para dar dimensión a su idea.
“Hoy sembrar una hectárea te puede costar no menos de US$500 o 600. Cuándo lo hacés sobre cien hectáreas, que es una plantación chica, pusiste un departamento de uno o dos ambientes en Buenos Aires; lo enterraste y te la jugás, ya de por sí es mucha plata. Cuanto más importante es el terreno abarcado, más guita se gasta para producir y se necesita vender más para hacer pagos”, sostuvo.
Una vez aclarado este punto, Preciado Patiño planteó dos consecuencias que puede tener la decisión de no prorrogar la baja de retenciones sobre la cosecha gruesa. La primera tiene que ver con la elección de las plantaciones que se van a desarrollar en la próxima campaña. Según su perspectiva, lo que puede hacer -o no- quien trabaja el campo es incierto, pero se anima a suponer que habrá una mayor apuesta al maíz y que este complejo podría alcanzar el mismo volumen que la soja.
“Lo que vas a tener seguro es la presión del productor pidiendo un dólar soja o una nueva devaluación al 1 de julio, porque ya vendió lo que necesitaba y ahora puede aguantar”, dijo el experto sobre el otro efecto que va a lograr el gobierno al no extender el beneficio. “Quedan unas 20 millones de toneladas para vender, que no es poca cosa. Así las cosas, el dueño de la cosecha va a pensar: ‘Vendí, me puse al día con mis deudas. Me queda algo que podría sacarme ahora y comprar dólares o esperar’”, siguió relato.
«Si todos esperan, van a provocar que el dólar empuje hacia el techo de la banda. En agosto o septiembre se va a poner muy duro esto”, insistió el ingeniero agrónomo, que si bien vislumbra una luz para las reservas en el acopio de la industria aceitera, consideró que en los próximos meses panorama será peor: “Viene un julio que es el desierto del Sahara y después tenés que pasar agosto y septiembre”, concluyó Preciado Patiño.
