(Por redacción País Productivo) La influenza aviar, un virus sumamente letal y contagioso para las aves, pasó a ser un serio problema para la producción avícola argentina, provocando grandes pérdidas en el sector, que no está pasando por su mejor momento.
Tras la detección de un brote en una granja comercial en Ranchos hace pocos días, en las últimas horas el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) comunicó un nuevo caso en aves de corral en la localidad bonaerense de Lobos.
Con la primera detección, el Gobierno nacional decidió cerrar las exportaciones, pero con esta segunda el panorama se complica aún más, ya que el área afectada es mayor y la erradicación del virus, muy posiblemente, lleve más tiempo.
Como ocurrió con el foco de Ranchos, el organismo nacional activó las acciones previstas en su plan de contingencia, que incluyen la interdicción del establecimiento y la delimitación de una Zona de Control Sanitario (ZCS) en la que se aplicarán medidas sanitarias de contención, refuerzo de bioseguridad, restricción de movimientos, monitoreo y rastrillaje epidemiológico.
Más allá del segundo brote confirmado, desde el Senasa aclararon que Argentina podrá seguir exportando a aquellos países que acepten el criterio de zonificación, esto es, que reconozcan las áreas libres de gripe aviar y sigan comprando de dichas procedencias.
El tema es que los mayores clientes de Argentina, como lo son China y la Unión Europea (UE), no reconocen este estatus, sino que toman a todo el territorio nacional como una procedencia que no se encuentra libre de la enfermedad.
Así, el país y el sector pasan a perderse un negocio de US$ 200 millones al año, en un contexto de un mercado interno saturado, que no podría absorber las casi 170.000 toneladas que Argentina suele despachar al mundo.
