El empresario fue noticia no solo por su despedida como referente del sector avícola, sino por comparar el plan económico actual con algunas características que se vivieron en la década de los noventa.
A pocos días de su retiro como titular del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), Roberto Domenech analizó la economía actual en una conversación con País Productivo. La atención del Gobierno en la rentabilidad financiera, la falta de motivación al emprendedor o la producción, las trabas a la exportación de carne de pollo y la amenaza de la importación de este producto desde Brasil, lo llevan a hablar desde una posición de alerta.
Al igual que muchos empresarios, el entrevistado aseguró que la estabilidad de la macroeconomía era necesaria para generar un escenario propicio y fomentar el crecimiento del país. Sin embargo, también reconoció que el plan del oficialismo tiene algunos puntos que preocupan e incluso afirmó que se desconoce si los resultados van a “ir para un lado o para el otro”. “Yo prendo una luz amarilla”, remarcó.
El sector avícola está consolidado en el mercado argentino, cada vez más personas eligen comprar estos productos, principalmente en respuesta al aumento de los otros tipos de carne. “El consumo de proteína animal es altísimo, 115 kilos por habitante al año. Dentro de ese número, se comen 47 o 48 kilos de pollo contra los 45 kilos de cortes bovinos, según las referencias de las cámaras correspondientes”, aclaró el productor.
Otro dato no menor que dio a conocer Domenech guarda relación con la generación de empleo dentro del sector: “Se da trabajo en forma directa a 78 mil personas. De manera indirecta, se emplean otras 25 o 28 mil, superamos los 100 mil puestos. Estamos dentro de los 15 principales rubros en cuanto a la cantidad de gente a la que registramos”.
Pero más allá haber encontrado la forma de copar una porción importante dentro del consumo interno, el empresario reclamó por la falta de medidas para fomentar la venta al exterior de pollo. “Ya libres de influenza teníamos la expectativa de tener un crecimiento en cuanto a la exportación, pero no lo estamos pudiendo concretar. Estamos dejando algunos mercados, debido a que el país se ha encarecido en dólares”, aseguró.
Para Argentina sí, para el mundo no
“Uno ofrece un producto a otros países haciendo un esfuerzo muy grande pero a un valor 7, 8 o 9 por ciento encima del precio internacional y las operaciones no se realizan”. Así de sencilla fue la explicación de Domenech para empezar a describir la falta de competitividad del pollo argentino en mercados foráneos. “Entre otras cosas, también nos afecta el derecho de exportación”, agregó.
Según su experiencia, la preocupación de los empresarios se incrementa al escuchar al presidente asegurar que el dólar va a llegar a los $1.000. A su entender, esta cotización significa “dejar de lado el camino de la venta al exterior”. “Es fundamental, sin eso no hay manera de generar crecimiento, ni vamos a desarrollar mano de obra”, insistió mientras explicaba como la valoración de la divisa abre otra inquietud: el problema de la importación.
Para hacer gráfica la inestabilidad que provoca la asimetría cambiaria con países competidores, describió: “A partir de mayo el sector empezó a ingresar las gallinas reproductoras para la producción del 2026 y 2027. Esa es la inversión más grande y se hace pensando en que vamos a seguir con este mercado. De golpe aparece la posibilidad de importar desde Brasil”.
“Nos aparece pollo más barato y nos obliga a bajar el precio y ahí empezamos a tener dificultades, porque el costo que asumimos es alto. Tenemos que estar atentos, es un problema que aquellos que atravesamos la década de los 90 sabemos que sucede cuando no se está en igualdad de condiciones. Yo no digo que ahora sea igual, pero se parece mucho”, manifestó.
Esta no es la única similitud que señaló en cuanto a lo vivido en aquel momento histórico del país. El salariazo en dólares volvió al recuerdo del ex titular del CEPA como una señal de advertencia: “un operario nuestro está cuesta alrededor de los US$1.450 por mes. En Brasil vale US$680. A esa diferencia hay que multiplicarla por 75.00 0 personas y te va a dar el desbalance en esa sola variable”.
Sin motivación no hay producción
Después de cuantificar su sensación de preocupación a través de datos, el entrevistado se introdujo en un razonamiento un tanto más abstracto de la realidad económica actual. Consideró que el hecho de no ser economista lo limitaba un poco en cuanto a la valoración de la estabilidad macroeconómica que se persigue, aunque reconoció que era necesaria para el país.
Con el correr de su reflexión se volvió a topar con la incertidumbre, en esta oportunidad, en cuanto al futuro de las cadenas de producción en general. “¿Saben lo que veo?”, le dijo a los conductores y continuó sin esperar respuesta: “No hay motivación para despertar en el empresario o en el emprendedor la voracidad de tener ganancia, de querer hacer crecer la empresa y producir más. Estamos en un stand by con la esperanza de que no venga la importación”.
“Con un mercado como el nuestro, con demanda constante, con oferta sostenida, con un producto más barato de proteína animal, me van a traer pollo de Brasil, con quien sabemos que tenemos asimetrías”, insistió con algo de resignación y comparó esta situación a la imposición que hubo con los “precios máximos”.
Domenech llegó a la conclusión de que, aunque no quieran, los productores tendrán que bajar el precio de sus productos, aun cuando el costo de crianza sea el mismo o superior y también se quejó: “Todo está muy metido en el cuidado y en la mirada de la rentabilidad del sector financiero. No veo movimiento, ni en el secretario de Agricultura ni en el de Industria, para alentar la producción”.
