(Por redacción País Productivo) Las exportaciones agroindustriales argentinas iniciaron el año con un desempeño favorable durante el primer bimestre, al registrar un incremento del 7% en comparación con el mismo período del año anterior.
En total, los envíos al exterior alcanzaron los US$ 7.463 millones, de acuerdo con datos difundidos por el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA).
El balance entre enero y febrero dejó un saldo positivo para el sector, con un aumento absoluto de US$ 489 millones en el valor exportado. Este resultado refleja una recuperación parcial en el comercio exterior agropecuario, impulsada por distintos complejos productivos.
Sin embargo, el análisis mensual muestra señales mixtas. En febrero, las exportaciones se ubicaron en US$ 3.341 millones, lo que representó una caída interanual del 4,5%. En términos nominales, esto implicó una reducción de aproximadamente US$ 158 millones frente al mismo mes del año pasado.
El crecimiento acumulado del bimestre estuvo explicado principalmente por el dinamismo de algunos complejos clave. Entre ellos, el trigo, el girasol y la cadena bovina se destacaron como los principales motores del incremento en las ventas externas.
El complejo triguero tuvo un rol central en esta mejora. Con exportaciones por US$ 1.468,5 millones, registró un salto interanual del 73,6%, consolidándose como el segundo rubro exportador del agro, posición que habitualmente ocupa el maíz. La fuerte producción obtenida en la última campaña fue determinante para este resultado.
Por su parte, el girasol mostró uno de los desempeños más sobresalientes. Durante los dos primeros meses del año, generó ingresos por US$ 541,1 millones, lo que significó un crecimiento del 220,2%. Este avance estuvo vinculado tanto a una buena cosecha previa como a niveles elevados de procesamiento industrial y precios internacionales favorables para el aceite.
La cadena de carne y cuero bovino también aportó al repunte exportador. Con ventas externas por US$ 710,3 millones, evidenció un aumento del 30,1%. El incremento respondió en gran medida a una mayor demanda desde mercados como China, Israel y Estados Unidos.
A pesar de estos resultados positivos, los dos complejos históricamente más relevantes no acompañaron la tendencia general. Tanto la soja como el maíz mostraron caídas significativas en sus exportaciones durante el período analizado.
En el caso del complejo sojero, los ingresos sumaron US$ 1.865,7 millones, lo que implicó una contracción del 17,4% interanual. En tanto, el maíz registró una disminución aún más pronunciada, con una baja del 44,1% y exportaciones por US$ 610,1 millones.
Otros sectores, sin embargo, contribuyeron a sostener el crecimiento general. La cebada mostró una expansión del 32,5%, alcanzando US$ 431,7 millones. También se destacaron aumentos en rubros como el pesquero (16,2%), lácteo (7%), vitivinícola (6%) y el de frutas como peras y manzanas (16,3%).
Asimismo, economías regionales como el ajo y las legumbres presentaron subas significativas, con incrementos del 17,9% y 93,2%, respectivamente. Estos desempeños reflejan una diversificación en la matriz exportadora del sector agroindustrial.
En contraste, varios complejos registraron retrocesos. Entre ellos, el maní cayó 17,2%, el arroz 23% y el sector hortícola 25,3%. También se observaron bajas en la actividad avícola, foresto-industrial y papera, evidenciando un panorama heterogéneo dentro del conjunto agroexportador.
