(por Christian Veltri) Japón vive un aluvión turístico que trajo divisas y dolores de cabeza. El sobreturismo, concentrado en 3 ciudades de las más importantes del país, se convirtió en un tema de debate nacional al punto de pensar ideas para diversificar el viaje de los visitantes, impuestos adicionales para desincentivar el turismo, y el ascenso de la ultraderecha en las elecciones de julio pasado bajo el lema “Japón primero”.

Japón enamora al turista de todo el mundo por su constante sorpresa y exotismo. La cultura pop con sus estudios de animé y museos temáticos, el contraste entre la tradición y la modernidad tecnológica, la excelencia gastronómica en bares y puestos callejeros, la frescura de sus productos en los mercados locales, la seguridad y el orden para recorrerlo aún sin hablar su idioma, son algunas de las experiencias que seducen a quienes visitan la isla del sol naciente.

El turismo en Japón crece a pasos agigantados. Solo en los primeros 6 meses de 2025 ingresaron alrededor de 21,5 millones de visitantes extranjeros, un 21% más que en el mismo período de 2024, según datos de la Oficina Nacional de Turismo (JNTO). Pero el beneficio del ingreso de divisas se ve complicado porque el ingreso de turistas se concentra mayoritariamente en solo 3 ciudades, Tokio, Kioto y la isla de Honshu donde se encuentra el monte Fuji.

Los principales países impulsores de turismo hacia la “Tierra del Sol Naciente” son China, Taiwán, Estados Unidos, Francia e Indonesia. Las proyecciones del gobierno japonés estiman que para 2030 la cifra de turistas extranjeros superará los 60 millones. Es por eso que las autoridades empiezan a pensar estrategias para intentar distribuir esos visitantes de forma más pareja en todo el país y no solo en las 3 ciudades actuales.

Una de las ideas que ponen en práctica es el regalo de pasajes aéreos a través de su aerolínea de bandera Japan Airlines (JAL), una de las principales del país con 133 rutas nacionales y 66 internacionales. Este intento de fomentar destinos menos masificados no es para todos. La letra chica del obsequio establece que solo está abierto a turistas de ciertos países como Estados Unidos, Canadá, China, India, Australia, Nueva Zelanda, Taiwán, entre otros. Además deben contar con reserva de vuelo internacional de ida i vuelta, y una vez en Japón podrán optar por un billete de vuelo nacional en Japan Airlines a destinos menos visitados como Okinawa, Sapporo, Hakuba, Niseko, entre otras ciudades a optar de una larguísima lista.

Otra estrategia inversa pero complementaria, es la imposición o suba de gravámenes impositivos. Tokio, la ciudad más importante en recepción de turistas internacionales, impone una tasa de 100 dólares a aquellos turistas que, una vez aterrizados en la ciudad, permanezcan más de 24 hs. allí.

Kioto, la tercera en importancia en ingreso de turistas detrás de Osaka, multiplicará por 10 el impuesto a las pernoctaciones hoteleras a partir del 1 de marzo de 2026, pasando de los actuales 1000 yenes (alrededor de 7,15 dólares) a 10.000 yenes (cerca de 71 dólares). Esto, además, le permitirá a Kioto recaudar alrededor de 12.600 millones de yenes (90 millones de dólares) anuales para financiar distintas medidas adicionales para contrarrestar el turismo de masas.

Esta masificación del turismo y los inconvenientes generados en algunas ciudades dio pie al ascenso del partido de ultraderecha Sanseito, fundado en 2020 por Sohei Kamiya en plena pandemia de Covid-19 ganando adeptos a través de videos de protesta en redes sociales (cualquier parecido con la realidad argentina es pura coincidencia), que alcanzó el ingreso a la Cámara de Consejeros en 2022 al obtener el 2% de los votos necesarios para obtener una de las 248 bancas de la Cámara Alta japonesa.

En las elecciones de julio pasado, Sanseito fue uno de los grandes ganadores al obtener 14 escaños en la Cámara Alta y 3 en la Cámara Baja, basados en su plataforma “Japón Primero” que entre sus bases advierte y se opone a la “invasión silenciosa de extranjeros”, reflejando el malestar creciente del pueblo japonés por la creciente inmigración y el excesivo turismo que llena sus calles. Las promesas de “Japón Primero” usada por Sanseito le dieron el apoyo de los jóvenes conservadores en línea, reduciendo la base electoral del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD).

El sector en donde Sanseito hizo fuerte su base electoral está en la población trabajadora de entre 20 y 50 años mayoritariamente. En una conferencia de prensa ante medios internacionales Kamiya afirmó que, si bien el lema de su partido es «Japoneses Primero», eso no significa que los extranjeros no sean bienvenidos, y mencionó su admiración a las políticas de Trump en Estados Unidos, de Marine Le Pen en Francia y del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania.

 Sohei Kamiya fue miembro del PLD durante gran parte de su carrera política. Con 47 años de edad, este ex reservista de las Fuerzas de Autodefensa llamó la atención en las elecciones con sus comentarios controvertidos como “si no resistimos la presión extranjera, Japón se convertirá en una colonia”, o su enfrentamiento con las políticas de igualdad de género al referirse a ellas como un error que alentarían a las mujeres japonesas a trabajar y centrarse en sus carreras, e impedirles tener más hijos.

La inmigración en Japón creció en los últimos años producto del envejecimiento de su población, lo que llevó al gobierno japonés a flexibilizar las leyes inmigratorias para poder aumentar la mano de obra disponible. Frente a esto, Sanseito aprovechó el malestar de la población, que expresó un creciente fastidio culpando a los inmigrantes por el crecimiento de la delincuencia y la inflación, además de quejarse por los malos modales y comportamientos incorrectos de los turistas.

A pesar de todo, Japón se transformó en un atractivo para los turistas argentinos. La búsqueda de paquetes turísticos por argentinos aumentó alrededor de 95% en el primer trimestre del año respecto al mismo período de 2024, producto de la diferencia de cambio que vive Argentina y los precios internos que mes a mes aumenta el turismo emisivo respecto del receptivo. Cifras oficiales del gobierno japonés muestran que en 2023 fueron alrededor de 13.000 argentinos los que viajaron, en 2024 aumentó a casi 20.000, y que la tendencia muestra que para 2025 superará el récor de 2019 de 23.800 turistas argentinos que llegaron a Japón. Si bien las cifras son chicas al lado de los 4 millones de turistas que ingresan por mes, el porcentaje de aumento año a año es significativo.

Recientemente, las reservas de viajes a Japón sufrieron una significativa baja provenientes de otros puntos de Asia, debido a una profecía apocalíptica de un manga popular que causó temor ante una posible catástrofe natural. La artista Ryo Tatsuki, en su manga “El futuro que vi” escribía que el 5 de julio de 2025 un agrieta en el lecho marino entre Japón y Filipinas provocaría olas gigantes tres veces más grandes que el tsunami de 2011, que también había sido advertido por Tatsuki en el manga.

Con estas “predicciones”, el turismo desde China, Tailandia, Vietnam y Hong Kong disminuyó significativamente en sus reservas (cerca de un 85% menos). Los turistas provenientes de estas ciudades solo decían que querían aplazar su viaje por el momento.

El manga, publicado en 1999, relata los sueños que tuvo la autora siendo niña y plasmó en su diario; en su portada mostraba la leyenda “el desastre llegará en marzo de 2011”, fecha en la que sucedió el terremoto y tsunami de Tohoku. En la “edición completa” publicada en 2021 mostraba el desastre que sucedería el julio de 2025.

Desde el servicio meteorológico japonés expresaban que no había forma científica de predecir este tipo de hechos naturales con exactitud, por lo que este tipo de predicciones debían considerarse falsedades sin fundamento.

Quienes visitaron el país asiático hacen hincapié en respetar las diferencias culturales que nos separan por ser una sociedad con normas de respeto y convivencia muy claras. Algunos tips que consideramos comportamientos habituales en los argentinos y no se deben hacer en Japón son, por ejemplo, fumar en la vía pública, tirar basura en la calle, gritar en un transporte público, comer mientras se camina, perseguir a geishas o maikos (aprendiz de geisha) para sacarse fotos, tocar objetos sagrados, colarse en una fila, entre otros tantos.

Para los japoneses la ética del respeto a la convivencia y al espacio público es parte de su hábito cotidiano de vida. Este respeto es también una característica por la que Japón enamora al turista de todo el mundo.