(Por redacción País Productivo) La histórica cooperativa SanCor formalizó un giro crítico en su crisis financiera: solicitó su propia quiebra tras acumular una deuda cercana a los US$ 120 millones, en un proceso que deja al descubierto el colapso de uno de los símbolos de la industria láctea nacional.

La presentación fue realizada ante la Justicia santafesina, en el marco del concurso preventivo iniciado en febrero de 2025, y marca un punto de inflexión en la prolongada agonía de la empresa.

La decisión había sido anticipada por la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera y luego confirmada por el tribunal que sigue la causa en Rafaela.

El expediente tramita en el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de Rafaela, bajo la órbita del juez Marcelo Gelcich, quien ahora deberá resolver si acepta o rechaza el pedido.

“La concursada Sancor peticionó su propia quiebra en el expediente en donde tramita el concurso preventivo (quiebra indirecta), por ella iniciado en febrero de 2025. La petición se basa en una decisión del Consejo de Administración de la Cooperativa, que convocó a asamblea para ratificarla el próximo 30 de abril”, indicó el tribunal.

Desde el juzgado aclararon que el paso siguiente será definir “si acepta -y en qué términos- o rechaza, el pedido de propia quiebra”, lo que abre un compás de espera judicial.

El pasivo total de la cooperativa asciende a unos US$ 120 millones, compuesto por aproximadamente US$ 90 millones y $40.000 millones, según la verificación de créditos realizada sobre 1.519 presentaciones de un total de 2.702 acreedores.

Entre los principales acreedores figuran la Agencia de Recaudación y Control Aduanero y fondos financieros internacionales, lo que complejiza aún más la reestructuración.

A esa deuda se suma un pasivo adicional de cerca de $6.350 millones generado con posterioridad al inicio del concurso, lo que evidencia la incapacidad de la firma para estabilizar su situación.

“Luego de los informes elevados por la Sindicatura, el Comité Provisorio de Control y la co Administradora designada por el Juzgado, coincidentes todo en el probado estado de cesación de pagos, impotencia e insolvencia patrimonial general y definitiva de la concursada, SanCor CUL acaba de pedir su propia quiebra”, señaló un comunicado firmado por Etín Ponce, titular de Atilra.

Mientras tanto, la empresa convocó a una asamblea extraordinaria para el 30 de abril en Sunchales, donde se someterá a votación la decisión del Consejo de Administración.

En el orden del día figura la “confirmación de la decisión del Consejo de Administración de la presentación del pedido de la propia quiebra del SanCor”, en un contexto donde el desenlace parece encaminado.

Desde el gremio fueron críticos con la situación: consideraron que la medida “no agrega ni quita nada, resultando a esta altura un gesto irrelevante que pone fin a una tozuda postura que negaba la realidad”.

Además, denunciaron que la cooperativa “se viene sosteniendo con el patrimonio de los trabajadores a quienes les deben 8 meses de sueldos más aguinaldos”.

“Tanto para los trabajadores como para nuestra entidad que los representa, el dictado de la quiebra no constituye un final sino un comienzo de una nueva etapa donde la marca SanCor, despojada de la estructura que la llevaron al borde de su extinción, debe volver a florecer con el impulso de la nobleza y calidad de los productos que las y los trabajadores de Atilra elaboran”, concluyó el escrito.

En el sector privado, la lectura es más pragmática. Fuentes de la industria definieron el proceso como “una crónica de una muerte anunciada. Es la misma empresa la que termina pidiéndola. No tenía forma”.

Otro referente empresarial agregó: “Fue demasiado tiempo el que siguió operando, pero con un esquema que era totalmente inviable”, y sugirió que “se podría haber evitado la sangría que se dio en todos estos meses”.

De cara al futuro, algunos actores consideran que la quiebra podría abrir oportunidades de negocio: “Es probable que aparezcan interesados por algunas plantas”, señalaron.

La crisis de la cooperativa ya había motivado la intervención judicial a fines del año pasado, cuando el juez Gelcich detectó reiterados incumplimientos en pagos salariales y falta de información clave.

Entre los problemas señalados se destacó la “reticencia informativa”, ya que “la empresa no entregó documentación clara sobre cómo están funcionando sus plantas ni sobre sus contratos con otras empresas, cuánto produce, cómo comercializa, qué cobra y qué hace con lo que cobra”.

A esto se sumó una profunda “crisis laboral y previsional”: la firma adeuda salarios desde junio de 2025 y el aguinaldo completo, además de denuncias por presuntas irregularidades en los recibos de sueldo.

El deterioro actual contrasta con la historia de SanCor, fundada en 1938 y que llegó a procesar 4,6 millones de litros diarios en 1994, liderando el mercado local.

Con el paso de los años, su participación se redujo drásticamente: en 2009 procesaba 3 millones de litros y en 2022 cayó al puesto 12 del ranking, con poco más de 533.000 litros diarios.

Hoy, la producción ronda los 700.000 litros diarios —entre propios y de terceros— distribuidos en seis plantas ubicadas en Santa Fe y Córdoba, muy lejos de su capacidad histórica.

Entre los factores que explican su caída también aparece el conflicto con Venezuela, originado en acuerdos comerciales firmados durante los gobiernos de Hugo Chávez y Néstor Kirchner.

Tras el default venezolano en 2017, la deuda con la cooperativa superó los US$ 30 millones y aún restan por cobrar cerca de US$ 18 millones, con escasas chances de recupero, cerrando así un círculo de decisiones y contingencias que terminaron por llevar a SanCor al borde de su desaparición.