(Por redacción País Productivo) El maíz está cerrando una campaña complicada y todo indica que la que viene también lo será. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la siembra del cereal caería 21% en el próximo ciclo agrícola hasta las 7,67 millones de hectáreas – unas dos millones de hectáreas menos -, mientras que la producción rondaría las 49 millones de toneladas.
De esta manera, el cultivo cortaría con 9 años consecutivos de crecimiento en área y tendría la peor caída entre campañas en 17 años.
Las razones que explican este fenómeno recaen en el ataque que sufrió el grano amarillo de la plaga de la chicharrita, que propaga la enfermedad del «achaparramiento del maíz», principalmente, y, en segunda medida, por la incertidumbre climática que plantea el advenimiento de una nueva «Niña» a partir de esta primavera.

«La chicharrita afecta principalmente a las siembras tardías y los peores efectos se han visto en los lotes sembrados después del 10 de diciembre. En la campaña 2023/24 se sembró el 65% del maíz en forma tardía, esto es, después del 15 de noviembre. La incertidumbre respecto de la población de chicharrita y los efectos sufridos por esta enfermedad son los principales motivos manifestados para querer evitar estas fechas de siembra», explicó la entidad.
Ello lleva a que se dependa aún más de las lluvias de setiembre y octubre en un año en el que se espera que comience a actuar una «Niña» moderada a partir de setiembre/noviembre.
Estos es muy importante para entender que las intenciones manifestadas pueden cambiar ante buenas lluvias, o su ausencia. Lamentablemente, en las últimas 4 campañas las lluvias de septiembre han estado bastante lejos de cumplir con las estadísticas mensuales de precipitaciones.
«El de este año plantea un panorama muy difícil y de alta incertidumbre para el maíz, que se ve reflejado en un fuerte retraso de ventas de insumos. Aún en el mejor de los casos, en el que llueva en la primavera como el sector espera, gran parte de la siembra maicera argentina quedaría concentrada en fechas tempranas y con un alto riesgo climático ante falta de lluvias en el periodo crítico, es decir, entre diciembre y enero», concluyó la entidad.
