(Por Juan Manuel Colombo) El tema de las retenciones se ha convertido en un dilema de la economía argentina. Por un lado, es un recurso recaudatorio rápido y eficaz sobre el sector más importante y competitivo de nuestro país.
Pero por el otro, ese gravamen casi discriminatorio, ya que ningún otro sector productivo cuenta con los niveles de derechos de exportación que pesan sobre el agro, le quita competitividad, achican sus márgenes y paralizan inversiones.
Exite un ejemplo que grafica esta situación: sobre el complejo sojero, el mayor aportante de divisas, posee derechos de exportación del 31% sobre la harina y el aceite y del 33% sobre el poroto, – que temporariamente hasta el 30 de junio son de 26% para los productos procesados y del 27,5% para el grano – , los más altos que pesan sobre cualquier sector de la economía nacional.
Pero a pesar de ser el más importante, se ecuentra estancado hace ya décadas, no pudiendo superar las 50 millones de toneladas de producción, a pesar de contar la industria con una capacidad instalada de procesamiento de 90 millones de toneladas. Asimismo, la participación en el mercado internacional decrece año a año, mientras que sus principales competidores – Brasil y Estados Unidos – avanzan constantemente sobre el lugar que va dejando Argentina.
Pero las retenciones – o tributos parecidos – se aplican desde 1935 y en los últimos 30 años se aplicaron de manera casi ininterrumpida, convirtiéndose en un aspecto clave del sistema tributario argentino.
Es por eso que vale hacerse una pregunta: ¿Es viable que se eliminen las retenciones en Argentina?
Analicemos el peso que tienen en la actualidad. Según el director de RIA Consultores, Javier Preciado Patiño, las cuentas le cerraron al Gobierno con este nuevo esquema de reducción de un 20% promedio de los derechos de exportación a los principales granos, ya que la recaudación creció en abril un 12% respecto a marzo y un 108% en la comparación interanual.

Pero el dato más interesante en este caso es la participación dentro de la masa fiscal, o sea, del total que recauda el Esdado. En este sentido, Preciado Patiño remarcó que la misma viene creciendo desde enero, al pasar de 3,6% a 4,8%.
«De hecho, el 4,8% de abril es la mejor 4ta participación mensual en la era Milei, tras mayo ’24 (5,6%), enero ’24 (8,4%) y diciembre ’23 (7%). Expresada en dólares, la recaudación de abril equivale a unos US$ 589 millones con una mejora interanual de 64% y un acumulado de US$ 2.174 millones«, detalló Preciado Patiño.
Dicho de otra manera, estamos hablando de un tributo que puede llegar a representar más del 8% de la recaudación tributaria nacional. Un número para nada desdeñable.
Impacto de la baja y de la suba de retenciones
En febrero de este año, el Gobierno decidió aplicar una baja temporal de retenciones hasta el 30 de junio, haciendo lugar a un pedido del sector, que se encontraba afectado por la baja de los precios internacionales y con la amenaza de comenzar a sufrir una nueva sequía.
Así, las retenciones sobre la soja cayeron del 33% al 26%; las de trigo, maíz, cebada y sorgo, del 12% al 9,5%, y las del girasol, del 7% al 5,5%. Fue una suerte de aliciente para los productores, ya que con la reducción del tributo, mejoraron los precios recibidos por los productores entre $10.000 y $15.000 por tonelada, mejorando sus márgenes.
No obstante, desde el Gobierno nacional se cansan de asegurar que esta baja temporal perderá su vigencia el 30 de junio, como estaba prestablecido. Hasta el mismo Javier Milei lo afirmó e instó al campo a «liquidar ahora», aprovechando el beneficio.
Si bien todavía no se sabe a ciencia cierta si el Gobierno cumplirá con su palabra – ya que muchos entienden que sus dichos buscaban que agilicen la comercialización y que los exportadores aumenten el volumen de liquidación – o dejará las retenciones al nivel actual, lo cierto es que una suba tendrá su repercusión en el sector.
Según un trabajo presentado por Ieral, si el gobierno aumenta los DEX a fines de junio 2025, la rentabilidad de producir granos (ingresos menos costos y todos los impuestos) empeorará entre 11-12% en zona núcleo (US$ 30-60 por hectárea, aproximadamente) y entre 21-74% en zona extrapampeana (US$ 32-43 por ha).

Por su parte, el fisco (nacional y provincial como un todo) podría recaudar un 11-20% más según tipo de productor y zona (entre +US$ 44-70 por hectárea).
Así, «puede apreciarse que el castigo es mayor en zona extra pampeana, más alejada de los puertos y que no cuenta con las mismas aptitudes edafoclimáticas que la zona núcleo».
En un escenario de precios internacionales bajos, el golpe puede ser más que significativo para las regiones más marginales, donde los rendimientos se ubican por debajo de los de la zonas pampeanas, los costos de producción son más altos y los logísticos casi prohibitivos.
Una Argentina sin retenciones
En el campo siempre aseguraron algo: que si se bajan las retenciones, ese recurso recaudatorio que se pierde, se compensa con otros tributos, como con el Impuesto a las Ganancias, ya que una baja en los derechos de exportación se traduciría rápidamente en una mayor producción y, por ende, una mayor recaudación por parte del Estado.
Si bien entienden que este proceso tiene que ser progresivo y escalonado en el tiempo, también aseguran que los resultados serán positivos. No obstante, los sucesivos gobiernos, independientemente del color político, entienden que las retenciones implican no solo una recaudación segura, sino también instantánea, sin necesidad de compartirlo con las provincias. O sea, es poco tentador para cualquier gobierno eliminarlos.
Es por eso que distintas instituciones ligadas al sector agropecuario buscan demostrar con proyecciones y creación de diferentes escenarios el impacto positivo que tendrían una quita de retenciones, sumado a una mejora en la infraestructura y una achicamiento de las brechas productivas.
En este sentido, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyectó que, de darse estos cambios, podría darse un salto en el área sembrada del 9% en granos, hasta alcanzar las 42,7 millones de hectáreas.
El trigo alcanzaría las 6,2 millones de hectáreas (+1,8%), mientras que la cebada se mantiene prácticamente constante en 1,64 millones de hectáreas (-2,1%). El maíz, por su parte, registraría un aumento hasta las 12,85 millones de hectáreas (+16,8%), mientras que el girasol, que alcanza 1,78 millones de hectáreas, tendsría una reducción de 1,3%.

Por el contrario, el sorgo caería levemente a 590.000 hectáreas (–17,3%), y la soja incrementa su superficie a 19,65 millones de hectáreas (+9,8%), evidenciando un corrimiento del área hacia cultivos más favorecidos por las mejoras en sus rindes.
En base a esto, se proyecta para 2035 una producción total de 251,4 millones de toneladas, lo que equivaldría a un salto del 57,8% con relación a las cifras estimadas en la actualidad.
Desglosado por cultivos, se estima que la producción de trigo alcance las 32,5 millones de toneladas (+75,6%); cebada, 6,2 millones (+2,2%); sorgo, 1,8 millones (-17,3%); girasol, 4,1 millones (-1,3%); soja, 71,1 millones (+21,6%); y maíz, 135,7 millones (+95%).
Esto daría lugar a exportaciones totales en 10 años de 174,17 millones de tonaldas. Así, las despachos de trigo alcanzarían las 24,82 millones de toneladas; cebada, 4,19 millones; maíz, 85,98 millones; sorgo, 1,79 millones; semilla de girasol, 50.000 toneladas; y el poroto de soja, 11,95 millones.
Por su parte, las exportaciones de los productos derivados de la soja se proyectan en 7,28 millones de toneladas en el caso del aceite y 36,28 millones para la harina. Finalmente, para los subproductos de girasol se estiman exportaciones de 690.000 tonelada para el aceite y 1,14 millones para la harina.
Así, en términos agregados, y en base a los precios de exportación proyectados para los productos modelados, en este escenario las exportaciones totales suman US$ 50.430 millones, US$ 17.270 millones más que en el escenario base.
¿Se animará el Congreso?
En épocas de elecciones, parte de la política argentina busca acercarse al campo, mostrando a diestra y siniestra lo «nefastas» que son las retenciones. E incluso, se animan a agitar proyectos de Ley en el Congreso nacional que buscan o mantener las retenciones en el actual nivel o emprender un proceso paulatino de eliminación.
Pero mañana la política puede pasar de las promesas a los hechos, al menos, por un rato, ya que en la Comisión de Agricultura y Ganadería podría conseguir dictamen un proyecto de Ley que, por lo menos, le impediría al Gobierno nacional poder volver a subir las retenciones, teniendo en cuenta el actual nivel.

Durante los últimos meses, senadores y diputados aliados u opositores «dialoguistas», hicieron conocer sus propuestas, que desde el vamos ya se sabía que no podrían prosperar. Pero parece ser que esta vez hay cierto concenso en la comisión para impulsar un proyecto, que si bien todavía no está definido el texto final, impediría que las retenciones vuelvan a subir este año.
Otros van un poco más allá y pretenden que se sume una baja gradual de la alícuota hasta llegar a su eliminación en el lapso de cinco años.
Pero más allá de que se obtenga un dictamen en Agricultura, es poco probable que ese proyecto supere la comisión de Presupuesto, encabezada por el libertario José Luis Espert. Además, si es que «el profe» llegará llamar a que se reúna la comisión para tratar ese caso, es casi imposible que se apruebe el mismo, ya que precisa dos tercios de los votos, que la oposición no tiene.
La realidad es que es muy poco probable que proyectos que afecten al equilibrio fiscal prosperen, aunque en tiempos de elecciones todo puede pasar o, por lo menos, aparentar que así suceda, en pos del rédito político.
