(Por redacción País Productivo) El acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) dejó mucha tela para cortar y si bien fue definido como un momento bisagra en la relación comercial entre los dos bloques, con alto impacto en el mundo entero, la noticia ya pasó a un segundo plano, a la espera de la aprobación en el Viejo Continente como en los países de nuestra región.
Lo cierto es que los detalles que se conocen hasta el momento y a los que más se le prestó atención fue a la quita de aranceles que se dará entre ambas economías. En el caso del Mercosur, la mayoría de las exportaciones tendrán una eliminación casi automática en una gran cantidad de productos, en especial, en los agroindustriales, mientras que en el caso de las exportaciones europeas, el proceso será un poco más largo, de casi 10 años, para lograr que los diferentes sectores productivos industriales de nuestra región se pueden adaptar contando con una mayor cantidad de tiempo.
Pero hay un capítulo en todo esto que quedó un poco soslayado y es el ambiental, el cual se puede convertir en un escollo para Argentina o una oportunidad. Pero lo que queda claro es que, de prosperar el acuerdo, el Presidente Javier Milei se tendrá que adaptar.
En diálogo con País Productivo Radio, el analista internacional e investigador del Conicet, Bernabé Malacalza, sostuvo que «lo que logra la UE es encauzar o contener a Milei dentro del marco del respeto a la protección ambiental, un presidente que es negacionista climático. Entonces, el acuerdo lo logra contener ahí».
«También establece un fondo de 1.800 millones de euros para apoyar la transición verde en el Mercosur, y sobre todo la estrategia de Global Gateway, que es un fondo de financiamiento que tiene la UE, destinado a apuntalar a las pymes. Entonces, ahí hay una oportunidad para Argentina de aprovechar el know-how europeo, el financiamiento para la transición verde. Claro que eso, no es algo prioritario en el gobierno de Milei, pero es algo central de cara al futuro, pensando en el país y la oportunidad que se puede abrir en ese punto», opinó Bernabé.
Por otro lado, el profesor de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad Torcuato Di Tella, detalló que «los desafíos tienen que ver con dos cuestiones: nuestras exportaciones, en términos agrícolas. Si bien se favorecen por la reducción arancelaria, también pueden sufrir con la certificación ambiental. Sobre todo, no está claro si entra en vigencia la Ley de anti-deforestación de la Unión Europea para los productos argentinos. Es decir, si por caso eso puede actuar como un proteccionismo encubierto».
Otro de los puntos que Malacalza analiza es la cuestión de la industria donde entiende que hay «una cuestión asimétrica con la UE «sobre todo en el sector automotriz, maquinarias, productos químicos, textiles, productos farmacéuticos, etcétera. Todo esto que en general son rubros que en el caso de Argentina, son protagonizados por las pymes, que necesitan políticas activas del Estado, por un lado, para compensar eventuales efectos negativos, y por otro lado, para generar incentivos».
«No se está viendo esto hoy. No se está viendo en políticas industriales pensando en el mediano y largo plazo. Es decir, había un desmantelamiento de las políticas industriales desde la llegada del nuevo gobierno, y esto es un factor central. Un acuerdo es un acuerdo comercial, pero también es un acuerdo de inversiones, y necesita políticas de compensación y políticas activas de protección e incentivos. No se puede dejar a la industria, en este caso, sola», completó.
La transparencia y el rol de Brasil
Para el analista internacional, a la hora de cerrar este acuerdo, el contrapeso a la resistencia de Francia principalmente, no solo fue Alemania y su poderío industrial, sino también Brasil.
«Yo creo que el peso del negociador de Lula modificó las bases del acuerdo de 2019. Este acuerdo es mucho mejor, por lo menos para la industria brasileña, de lo que era el de 2019. Lula buscó y consiguió tres cosas muy importantes: una, generar un mecanismo de resolución de disputas, es decir, cuando se ve que afecta algún tipo de importación europea a la industria brasileña, sobre todo teniendo en cuenta el lanzamiento del Plan Industria Nova de Lula», detalló Malacalza.
Por otro lado, Lula también trabajo las cuestión de «las contrataciones públicas», ya que si bien «las contrataciones que hace el estado fueron excluidas del acuerdo, todo lo que tiene que ver con el sistema de salud quedó fuera, y se dejó un espacio para fomentar a las pymes industriales».
«Además, se estableció la preferencia nacional en productos y servicios nacionales dentro de las contrataciones públicas, es decir, de alguna manera negoció que Europa no se entrometiera en todo lo que es la compra del Estado brasileño, principalmente en los capítulos de compras públicas de Brasil y de Argentina, que se negociaron separadamente. Otra cuestión muy importante que negoció Lula fue la del sector automotriz. Digamos que esto es clave para el Mercosur. El sector automotriz, si bien se establece que, ni bien entra en vigor el acuerdo, habrá una reducción arancelaria, lo que cambió Lula en la negociación fue el plazo», puntualizó.
