(Por redacción País Productivo) Y un día, finalizó la cosecha de maíz. Tras un atraso histórico por cuestiones climáticas que llegó a ser 30 puntos respecto a la campaña anterior, los productores pudieron avanzar sobre los últimos lotes implantados y cerrar así una trilla histórica.

Según informó la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdeC), la cosecha culminó en 64 millones de toneladas, 15 millones más que las obtenidas el año pasado.

La buena noticia es que no solo la campaña 2025/26 fue histórica, sino que la 2026/27, que recién se está implantando, lo será aún más, ya que las primeras proyecciones hablan de una producción de 66 millones de toneladas.

Respecto a la implantación, la entidad bursátil alcanzó el 22,2% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas para el cultivo, luego de un progreso intersemanal de 5,1 puntos porcentuales.

“Sobre el Centro-Norte de Santa Fe, los primeros lotes implantados emergen de manera paulatina debido a las bajas temperaturas del suelo, aunque de forma homogénea”, puntualizó la Bolsa porteña.

A su vez, durante los últimos días se registró un importante avance de las labores sobre el oeste de Buenos Aires.

La liquidación de divisas, apuntalada por el maíz

De la mano de una cosecha récord, el campo continúa haciendo su aporte de dólares a la economía nacional con volúmenes inusuales para la época.

Según informó la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), durante septiembre el sector agroexportador liquidó un total de US$ 3.228 millones, un monto 17% mayor respecto de agosto.

De esta manera, el noveno mes del año fue el tercer mejor septiembre de la historia en lo que se refiere al ingreso de divisas.

«El mes de septiembre de 2026 se caracterizó por un flujo sostenido de embarques de maíz derivado de la intensificación de ventas de los productores a la exportación», indicaron desde Ciara-CEC.

Este último punto se apoya en dos cuestiones: por un lado, la cosecha récord de maíz, que alcanzó las 64 millones de toneladas y, por otro, el atraso histórico de las labores de recolección por las lluvias, que permitió un arribo tardío del cereal a los puertos.