(Por redacción de País Productivo) A partir de su investigación sobre la importación de ropa usada, el periodista analizó las consecuencias sociales y económicas de un país que se reacomoda en torno a las medidas impulsadas por el Gobierno nacional.
“Tal vez hoy estemos hablando de un país improductivo en construcción”, dijo Andrés Lerner, conductor del ciclo streaming Se Viene que jugó con una frase del programa de radio País Productivo. Según su forma de leer la realidad, el avance de la importación y la caída del sector manufacturero son la piedra fundamental de un nuevo escenario que se levanta y del que aún no se toma suficiente conciencia.
Aunque las señales aún son débiles, los argentinos son testigos de cambios que exceden las cuestiones de hacienda y se manifiestan más allá del debate de la reforma de leyes laborales, tributarias o previsionales. “Estamos atravesando cambios en lo económico y lo social que todavía son impredecibles, pero que se tratan de condiciones estructurales que pueden conformar otro modelo de país”, aseguró.
Lerner invitó a los oyentes a elevar la vista y sobrevolar la agenda mediática para pensar en el futuro nacional. “Todavía no llegamos a tomar conciencia de lo que van a implicar esas transformaciones, para bien o para mal. Algunos economistas hablan de desconubarnización, a partir de la retracción que está viviendo la industria y el crecimiento de la energía y la minería”, avanzó el entrevistado.
“Yo no estoy de acuerdo, no creo que la gente se vaya del conurbano al interior. En todo caso, va a haber un empobrecimiento en las condiciones de vida”, arriesgó el periodista que abrió un interrogante más dentro de la discusión: ¿En este nuevo modelo de país habrá suficiente empleo para todos.
“Fui a Vaca Muerta el año pasado, y los neuquinos veían un montón de personas que llegaban desde otras provincias atraídas por el fenómeno de la energía y la esperanza del trabajo que se va a crear, pero aseguraban que no iba a ser suficiente”, recordó el especialista en economía que remarcó que esta nueva realidad no solo fuerza una reconvención de los empresarios, sino que obliga a los ciudadanos a volver a empezar.
“Si no hay trabajo, no hay consumidores”, insistió Lerner que apoyó su preocupación en santos. Las cifras del Estimador Mensual de la Actividad Económica del INDEC son claras, hubo un repunte impulsado por los segmentos que menos puestos de trabajo generan y una caída sostenida de aquellos que dependen más del uso de mano de obra.
Si bien la sensación es de incertidumbre, el periodista aseguró que algunos magnates locales olfatean un horizonte. “En los ‘90 las empresas nacionales empezaron a vender a capitales de afuera, ahora está pasando al revés. Las multinacionales se van y están comprando un grupo muy acotado de argentinos cercanos al poder. Los dueños de Argentina algo están viendo, no sabemos qué, pero algo hay”, concluyó.
Importación circular
La invitación a dialogar con País Productivo llegó a raíz de una investigación que hizo Lerner sobre el fenómeno de la llegada de prendas de segunda mano desde otros países; otra red flag que se enciende en torno a los excesos del comercio exterior y sus consecuencias. “La discusión va más allá del sector textil y su eficiencia o competitividad. Tiene que ver con el ritmo de crecimiento de importación de ropa usada”, señaló.
El salto exponencial no se escapó de la mirada del periodista que habló sobre datos concretos: “el año pasado se compraron 50 mil dólares y en los primeros 8 meses de 2025, se registró un ingreso por 2 millones 200 mil dólares. Según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, en agosto se importaron 800 mil dólares. Son volúmenes bajos, pero cuando uno ve la forma en que se multiplican, se enciende una señal de alarma”, recalcó el entrevistado.
El trabajo del periodista, publicado en el diario Ámbito Financiero, asegura que la mayor cantidad de prendas llegan desde Estados Unidos; un país que prohibió la incineración de estos productos y que busca espacios para depositar lo que no puede destruir. “Esto se comercializa en redes sociales en fardos de entre 25 y 50 kilos que poder ordenar por marca y por talle”, agregó y habilitó el análisis sobre la legalidad de este negocio.
“No hay ninguna restricción”, continuó el invitado y explicó porque se trata de un fenómeno novedoso en el país. “En Argentina, estuvo prohibido entre 1999 y 2022 por diversas normas que se fueron renovando. Luego, no se hizo una nueva extensión de las disposiciones, pero el Gobierno ejercía un control por medio de la administración del comercio. Ahora es plenamente legal”, dijo para cerrar el repaso normativo.
Sin límites en la regulación, la tendencia tiene consecuencias que trascienden el impacto económico sobre la industria textil. “También podemos hablar del factor medioambiental. Un ejemplo es el desierto de Atacama (Chile) que es el mayor basurero de ropa. Además, está lo sanitario, porque al no saber cuáles fueron las condiciones de confección, no sabes que te estas poniendo encima”, reclamó.
Lerner imaginó diversas líneas de investigación que se abren a partir de esta noticia: la proliferación de cuentas de Instagram que ofrecen estas compras o la necesidad creciente de vender pertenencias para completar ingresos. “Hay de todo en una Argentina en la que el empleo formal se destruye. Son cada vez más las personas que acuden al autoempleo que en algunos casos es una elección, pero que para muchos es la única opción”, sostuvo.
